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Luis Cardeña Gálvez
11/01/2021
TEMPORADA 1949/50: TOLEDO 1 – MELILLA 3.
 
 

TEMPORADA 1949/50: TOLEDO 1 – MELILLA 3


El encuentro fue suspendido, mediada la segunda parte, por lesión del árbitro

La incompetencia del señor Martínez Leal y la irresponsabilidad de un mocete

Crónica realizada por Antonio de Ancos, publicada en el diario “El Alcázar” el 29 de mayo de 1950



El desagradable desenlace que tuvo el encuentro jugado ayer en Palomarejos frente al Melilla, teniendo que ser suspendido mediado el segundo tiempo, nos mueve a escribir las presentes líneas que tienen tanto de veracidad como de las presentes líneas que tiene tanto de veracidad como de desapasionamiento en sacrificio de una misión profesional que cumplir, a la que hay que llegar con toda la nobleza y lealtad posibles.

Hecha pública esta confesión, hemos de pregonar que las dos únicas causas que determinaron e influyeron en los hechos que llevaron a la suspensión del encuentro fue la incompetencia y manifiesta parcialidad del señor Martínez Leal, y la irresponsabilidad de un desalmado, que no supo contener su excitación e hizo víctima a aquél, oculto en el graderío, de una lesión en la cabeza lanzándole una pedrada, con tan lamentable puntería, que le originó dos heridas.

No justificaremos nunca una acción cobarde de quien no tiene la valentía de hacerlo cara a cara, y de quién, además, con ese acto pone de manifiesto su poco cariño al club y su escaso juicio. Solicitamos contra él el peso de la justicia con la purga eficaz de no permitirle jamás la entrada al campo y hacerle responsable de la multa o sanción que pudiera recaer sobre el club. Éste, en la presente ocasión, no tiene ninguna culpa. No hubo tumulto, no hubo agresión colectiva, ni invasión del campo, a la vez que en todo momento prestó su colaboración y apoyo al juez de la contienda, mientras que sus jugadores en el campo, y durante todo el partido, demostraron la máxima corrección y paciencia. Pero, sin embargo, la labor de mucho tiempo, de años quizá, se vino abajo por la irresponsabilidad de un desalmado e inconsciente, a quien nada de lo que podía ocurrir después se le vino a pensar con la cabeza.

Pero de la misma manera queda injustificada la conducta del señor Martínez leal, verdadero promotor y causante del incidente del que fue víctima. El historial del colegiado murciano es, por lo visto, pródigo en esta clase de sucesos. Él tiene a gala y ha hecho públicas manifestaciones en la prensa en este sentido, de que es el juez de los equipos visitantes, y esto, que podría ser un motivo de elogio, se ha de convertir en censura, cuando se basa en hechos y en fallos como os que presenciamos ayer en Palomarejos. En Granada, el señor Martínez Leal provocó una alteración de orden público, que motivó su detención. Ayer pudo haber ocurrido lo mismo en Toledo, de no haber sido porque el público aguantó pacientemente todas sus arbitrariedades,, exteriorizando su desagrado con música de orfeón, con el calificativo de ‘bu-rro’, hasta abocar en el lamentable desenlace que dio al encuentro un chiquillo irresponsable a quien no se le alcanzaron las superiores consecuencias del hecho.

No queremos echar carne al asador ni arrimar el ascua a nuestra sardina, como vulgarmente se dice, pero si nuestra opinión y comentario ha de servir para algo en quienes han de tomar las decisiones pertinentes, aquí están las principales faltas y fallos del señor Martínez leal, capaz de soliviantar la paciencia de un público que no tenga la calma y sosiego que el de Palomarejos.

En el primer tiempo perdonó un penalti al Melilla, hecho al jugador Gómez, derribado dentro del área de una fuerte patada, al rematar una pelota. Las señales de la falta están tan patentes en el muslo izquierdo del jugador como la propia brecha que puede ofrecer el señor Martínez Leal. En la segunda parte hubo el tercer gol melillense en un clarísimo fuera de juego de Pitarch, autor del tanto, tan descarado y manifiesto, que nuestros jugadores paralizaron su acción. A renglón seguido hubo otras dos faltas de la defensa contraria cerca del área, un par de manos muy claras, y para colmo de injusticia e incompetencia, la anulación de un gol, después de haber señalado con el dedo el centro del terreno, en una pelota que un defensa sacó de cabeza dentro ya del mismo marco.

Todo ello acabó con la paciencia del público y, singularmente, con la de un mocete que arrojó una piedra al campo, con tan buena puntería, que le dio en la cabeza, ocasionándole una pequeña herida que le hizo reclamar la presencia del médico y la retirada de los equipos a la caseta, cuando iban veintitrés minutos de la segunda parte.

Esto fue, sencilla y llanamente, todo lo ocurrido. Y de la misma manera que pedimos justicia contra la irresponsabilidad de un mocete, la solicitamos también contra la incompetencia y manifiesta parcialidad que quien, originariamente, es el verdadero causante de todo lo ocurrido. El espectador no puede ampararse en la impunidad de la multitud, pero el juez no puede escudarse tampoco en su máxima autoridad, porque ello viene a constituir un lamentable abuso de sus atribuciones que, como consecuencia lógica, trae el aborto de estas consecuencias tan irremediables por una parte, como tristes y dolorosas para una tercera parte –el club- al que sólo le corresponde el papel de víctima.

Ahora, ya con relación directa del encuentro, y al margen de su fallo definitivo, vamos a decir nada más que estas cuatro verdades.

Cuatro verdades nada más

Primera. Que el Melilla jugó mucho más que el Toledo, a pesar de venir con treinta y seis horas de viaje, tres noches sin dormir, y haber llegado a Toledo a las seis de la mañana. Puso mucho más entusiasmo y velocidad que el Toledo, ligó y supo mantenerse en los momentos de asedio con gran soltura, dando sensación de manifiesta superioridad en todo momento.

Segunda. Al Toledo se le acusa cada vez más la falta de preparación física y técnica, no hay orden ni concierto en sus filas, y todo queda reducido a la improvisación personal.

Tercera. Hubo un gol del Melilla en ‘offside’, y el árbitro pasó por alto cuatro penaltis más claros que el agua y, sin embargo, estamos por afirmar que el Toledo no merecía la victoria.

Cuarta. Hay que exigir a todos los jugadores el máximo rendimiento. No se puede salir al campo en plan de paseo y que sólo sean tres o cuatro os que pongan todo su ardor en la pelea.

Los equipos. Goles

Los equipos presentaron las siguientes alineaciones:

Melilla CD: Fanell; Valle, Errazquin, Ayllón; Muñoz, Martín Jimeno; Pitarch, Martín, Rosado, Moreno y Riera.

CD Toledo: Ávila; Campos, Zori, Sanz; Larrubia, Rubichi; Gómez, Sanz, Sauer, Luengo y Yonete.

Marcó primero el Melilla, por mediación de Martín. Luego, en un saque de esquina, el balón se le escapa a Ávila de las manos y Martín marca el segundo. Luengo marcó el único tanto del Toledo, en una jugada de gran habilidad, y el tercer tanto fue obra de Pitarch, en clarísimo fuera de juego.

Por el Melilla, los mejores fueron el trío defensivo y los medios volantes. Del Toledo sólo pueden salvarse el tesón y el pundonor de Zori, en unión de Campos.

La lesión del árbitro

En la caseta el árbitro fue atendido de dos pequeñas heridas, producidas por dos pedradas, una en la parte posterior de la cabeza y otra en la frente. Ambas heridas apenas son superficiales. Su estado no presenta ninguna gravedad, y después del partido fue atendido por la Directiva del Toledo, quien en todo momento prestó la máxima colaboración.

En la caseta, los directivos del Melilla lamentaban lo ocurrido, ya que el comportamiento del público y de los jugadores para con el equipo había sido correctísimo. Aplaudió la salida del equipo y las buenas jugadas del Melilla, viniéndose el partido abajo por la incompetencia del señor Martínez Leal.


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