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Luis Cardeña Gálvez
14/12/2020
TEMPORADA 1949/50: TOLEDO 2 – CEUTA 1.
 
 

TEMPORADA 1949/50: TOLEDO 2 – CEUTA 1


El equipo local batalló con entusiasmo y mereció la victoria: hubo algunos fallos, pero se impuso por entusiasmo y coraje

Florencio marcó los dos tantos

Crónica realizada por Antonio de Ancos, publicada en el diario “El Alcázar” el 1 de mayo de 1950



¡Ya está echada la suerte! El Toledo se ha decidido ha jugar la liguilla de ascenso y ha jugado el primer partido con un resultado favorable. No importa que el tanteo no haya alcanzado una cifra más elevada, lo interesante es que se ha roto el enigma, que se ha descorrido el velo y que se ha visto lo que había más allá de las fronteras que ya se conocían por todos.

La prueba ha sido difícil y, por consiguiente, más mérito tiene la revelación que a través de ella se ha descubierto. Sin querer lanzar las campanas al vuelo, sí queremos proclamar la gran satisfacción que nos inunda en el momento presente al comprobar que nuestras esperanzas y pronósticos no han salido fallidos.

Se jugó contra el campeón y se ganó. Ya decíamos el sábado que si campeones eran ellos, campeón era el Toledo, y que no podía existir mucha diferencia de clase de un equipo a otro, por mucho que nuestra propia modestia nos impusiese cierto temor y recelo.

Reconocemos de antemano que el Ceuta dio sensación de más técnica, más reposo, más veteranía si se quiere; pero todas esas apreciables virtudes quedaron desbordadas por la codicia y el entusiasmo de nuestro ‘once’, en el que el fallo de sus dos interiores se dejó traslucir en una menor clase, pero no con tanta diferencia.

El partido hay que verlo no cómo se jugó, sino cómo se pudo jugar también de haber contado, no sólo con la presencia de Luengo y una buena actuación de Sanz, sino aún con el mismo Carretero en plenas facultades físicas y una labor más discreta. Entonces sí que la ventaja hubiera sido completa.

Quiere esto decir que no hay por qué fomentar nuestra propia modestia ni sentirnos pusilánimes antes de jugar un partido. El Toledo tiene clase, y principalmente sabe derrochar entusiasmo cuando juega con enemigos que son superiores.

La victoria de ayer tiene un valor más extraordinario que otros muchos triunfos con mayor holgura. Y su mérito estuvo en que con un gol en contra a los nueve minutos del encuentro supo imponerse y levantarse para buscar y conseguir una victoria que la suerte y el árbitro parecían querer escamotearle.

Yo vi así el partido

De campeón a campeón, yo vi así el partido: del lado ceutí, más veteranía y sosiego; bien compenetradas sus líneas y con facilidad de movimientos para el desmarque de su línea delantera, singularmente en las dos piezas bases de su ataque, el veterano Natalio y el extremo izquierda, Pedrín; pero sin ninguna facilidad en el remate, a excepción del ex sevillista Pedrín, autor del primer tanto de un soberbio zamarrazo, contra el que nada pudo hacer nuestro guardameta. Del lado local, el lamentable fallo de los dos interiores dio al traste con la ligazón y el conjunto del equipo; se hizo una pobre exhibición de juego a lo largo del partido; pero a veces lucieron ráfagas de superior calidad que en el adversario; se puso más alma y más codicia, y el fallo de estas dos piezas fundamentales fue suplido por la buena voluntad y codicia del resto de los compañeros.

El Ceuta jugó con rapidez, con soltura, y el Toledo le replicó con coraje y profundidad, una profundidad que, de no haber sido por la gran actuación de Zamorita y por la colocación de un defensa en dos ocasiones, que sacó el balón de cabeza cuando ya iba camino del gol, hubiera servido para poner de manifiesto la eficacia goleadora de nuestra línea de ataque, a pesar de que Sanz no estaba muy en vena y que Carretero no llega, hoy por hoy, a la prontitud en el disparo de Luengo.

Lo que nadie puede discutirnos son los méritos del Toledo para conseguir la victoria. En el primer tiempo dominó más que su adversario, tiró más a puerta, con la desgracia de que mientras él presionaba una y otra vez sobre la puerta de Zamorita, al Ceuta le bastaba con hacer una arrancada y conseguir la ventaja de un gol. Se consiguió el empate primero a fuerza de codicia y de imponerse sobre la adversidad, y se logró la victoria después en un penalti, que sin tirarse, ya merecía los honores del gol.

¡Aquella arrancada de Sanz en su despertar arrollador de la segunda parte, con zancada larga, la pelota adelantada, dejando a uno, a otro, otro y otro adversario atrás con el quiebro maravilloso de su cuerpo, llegando solo ante el portero hasta ser la víctima de la zancadilla, valía por todo un gol! La jugada se recordará en Palomarejos por mucho tiempo. El gol de la victoria fue de penalti, y esto, que puede ser paliativo en otras circunstancias de involuntariedad o arbitrariedad, no lo es en la presenta ocasión, porque la verdad la falta cortó, en principio, el tanto que había de lograr después Florencio de un tiro colocadísimo.

El partido fue vistoso, movido, con dominio alterno de ambos equipos. Mayor presión toledana en la primera parte y en la segunda, hasta después de conseguir el segundo tanto. Después, replegados los interiores, con Florencio en la retaguardia, pareció más insistente el dominio del Ceuta, pero sin que el marcador se alterase merced a la magnífica actuación de nuestra defensa.

Cómo carburó el equipo

En líneas generales, bien; no lució primores, pero sí rendimiento, con la excepción apuntada de los dos interiores, que malograron la trabazón del equipo como conjunto. Sin embargo, a Sanz hay que perdonarle todo, por la genialidad de la jugada que nos valió el segundo tanto, y a Carretero hay que juzgarle bajo los atenuantes de haber estado dos días en cama y haber salido a jugar no restablecido de su dolencia. En cuanto a los demás, aquí está nuestro juicio:

El cuarteto defensivo fue la línea más sólida de todo el equipo. Todos ellos tuvieron su mejor tarde y a ellos cabe atribuir la razón de nuestra victoria. Un solo gol en contra dice más que cuanto nosotros podamos afirmar, y éste se debió a un fallo de Larrubia, que dejó descolocados a todos. Ávila mostró su valentía en tres o cuatro salidas a los pies, en las que tuvo que jugarse todo para salvar el tanto seguro ante un delantero que bordeaba siempre el fuera de juego. Hizo otras tres o cuatro paradas de calidad, y estuvo muy tranquilo durante todo el encuentro. Campos y Sanz marcaron esta vez de cerca. Los dos despejaron bien y entraron siempre valientemente, sin dejarse ganar en rapidez por los dos extremos adversarios. Zori, alma de la defensa en la tarde de ayer, la figura del encuentro por su codicia, su pundonor y su buen juego, anuló a un delantero centro como Natalio, al que había que perseguir en todo momento y no darle lugar al reposo. Se multiplicó y creció inverosímilmente, sin una brusquedad, y con un dominio absoluto en todas las situaciones de peligro ante nuestra puerta.

Los dos medios volantes batallaron de firme, mucho más de lo que algunos creen, pues sobre ellos pesó ayer la ingrata misión de defender y de atacar al mismo tiempo, como consecuencia de la foja actuación de ambos interiores. A Larrubia y a Rubichi no se les puede pedir más de lo que hicieron.

En el ataque solamente juzgamos al trío Florencio, Sauer y Yonete. El primero fue autor de los dos goles, y ya es bastante, aunque uno fuese de penalti. Para nosotros, tuvo más mérito vencer los nervios en esta ocasión que el haber marcado dos tantos en otras circunstancias. A Florencio se le chilló bastante el que se iba hacia el centro ¿Pero es que no veían ustedes que los dos interiores se habían quedado en la línea de medios y que allí no había nadie para recoger la pelota y ayudar a Sauer? Florencio tiene más intuición de juego que nadie y sabe dónde debe estar en cada momento; lo que ocurre es que el compañero que pasa la pelota debe saber antes dónde la pasa y cual es la situación del compañero en aquel momento. No cabe, pues, ponerle ningún pero en la tarde de ayer. Como tampoco se lo ponemos a Yonete, quien ayer hizo el mejor partido de la temporada, a pesar de encontrarse totalmente solo en su ala. Ese es el camino, muchacho: correr con reposo, con la vista pendiente en el compañero, sin titubear en la internada, bien para disparar en el momento propicio o para retrasar la pelota.

Sauer, ¡cómo no!, puso toda su voluntad. Anduvo un poquitín lento a la hora de meter el pie, pero hizo un par de jugadas que en otras ocasiones hubieran quedado reflejadas en el marcador, pero Sanz levantó un poquitín la pelota una vez y el defensa salvó el gol en la otra.

Sobre la falta de conjunto están los méritos individuales y éstos palian aquélla, con la confianza de que en partidos sucesivos todo puede irse superando.

Los equipos, goles y arbitraje

SD Ceuta:
Zamorita; Junco, Domínguez, Pepín; Gil, Orama; Urdiales, Guerrero, Natalio, Martínez y Pedrín.

CD Toledo: Ávila; Campos, Zori, Sanz; Larrubia, Rubichi; Florencio, Sanz, Sauer, Carretero y Yonete.

A la salida ambos equipos fueron saludados con una gran ovación. En el graderío hay más espectadores que nunca de la localidad y de los pueblos de alrededor. Entrega del banderín y el Toledo escoge contra el sol. Los primeros momentos son de tanteo, con más profundidad de nuestra línea de ataque. Yonete lanza un tiro que sale fuera por poco, y seguidamente otro avance por su ala lo termina centrando retrasado, Sauer deja pasar la pelota y Sanz empalma hacia la escuadra, pero el defensa salva de cabeza el gol. A los nueve minutos, un fallo de Larrubia descoloca a la defensa y el extremo izquierda ceutí se interna y de un tiro muy cruzado, imparable, bate a nuestro guardameta.

Reacción del Toledo y saque de esquina contra el Ceuta. Sauer remata de cabeza y el mismo defensa salva la situación con el portero batido. El dominio local es abrumador, pero sin suerte en el remate hasta los treinta y siete minutos, en que, tras una jugada de Yonete y Florencio, éste salva la salida del portero y marca el tanto del empate.

Tras el descanso, los dos equipos buscan el gol de la victoria. Sanz hace una arrancada maravillosa y es zancadilleado a dos metros del portero. Al árbitro no le queda más remedio que señalar la falta. Momentos de angustia y de gran expectación en el graderío. Por fin Florencio coloca el disparo a ras del poste y marca el gol de la victoria.

El Toledo repliega sus interiores. Carretero pasa a extremo y Florencio se multiplica. Sanz ha despertado de su letargo y de vez en cuando se hacen algunas arrancadas. Ávila salva un par de situaciones difíciles y todo el Toledo se multiplica en los últimos momentos. El final llega con la jubilosa satisfacción de todos los aficionados, que aplauden al equipo al retirarse a la caseta.

El arbitraje del señor Caballero tuvo de todo. Bien al principio y mal en la segunda parte, acusando una descarada parcialidad por el equipo visitante.


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