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Luis Cardeña Gálvez
9/11/2020
TEMPORADA 1949/50: MANCHEGO 4 – TOLEDO 1.
 
 

TEMPORADA 1949/50: MANCHEGO 4 – TOLEDO 1


El Toledo sucumbió ante el Manchego por 4-1

Crónica realizada por Antonio de Ancos, publicada en el diario “El Alcázar” el 20 de febrero de 1950



Todo el mundo sabe que desde la guerra los carnavales están prohibidos y que las máscaras han sido, prudentemente, suprimidas. Desde entonces acá cada uno puede divertirse y hacer lo que quiera, pero siempre dejando constancia de su personalidad y con la cara descubierta para que pueda ser reconocido, y ello pueda servirle de freno en sus desmanes o caprichosos antojos. Sin embargo, a pesar de estar prohibido, el Toledo se vistió de “máscara”, y si los aficionados ciudadarreños se preguntaban, un tanto irónicos, “¿Dónde está el Toledo?”, a nosotros, acostumbrados a verle en Palomarejos y en casi todos los partidos que ha jugado fuera de casa, podía habernos dado la clásica palmadita en el hombro y haber lanzado la frasecita de ritual: “¡Ay, que no me conoces, que no me conoces!”. Y, efectivamente, no le conocíamos al Toledo. Sobre sus camisetas verdes y calzón blanco llevaba ayer una careta de desgana, de desbarajuste, de apatía y de desconcierto, que no fue posible reconocerle nada más que durante diez minutos del segundo tiempo, en los que se la quitaron para poder respirar, sin dudad, y durante todo el encuentro en las personas de Sauer, Florencio y Rubichi, quienes, sin hacer tampoco nada extraordinario, tuvieron, al menos, el buen gusto de presentarse con un disfraz discreto y sin taparse la faz con careta alguna. Ellos tres fueron los únicos que supieron mantenerse durante el encuentro en una actitud digna y decorosa, como corresponde a un equipo cuya categoría y clasificación obligan a un porte y a una distinción en todas partes, máxime cuando, como ayer, recibe el aliento de unos aficionados que se desplazan esperanzados con él y en la tribuna presidencial destaca la figura de la primera autoridad civil de nuestra capital, como confirmación de esa esperanza y ese orgullo propio que se siente cuando se acompaña a todo un campeón.

Pero el Toledo se echó la cuenta de que estaba en carnaval y se puso la careta de “colista”. Y lo mismo que siempre hay algún detalle por lo que la máscara deja de serlo, así el Toledo dejó entrever su personalidad durante diez minutos de juego, pero durante los ochenta restantes, creemos que llegaban a tener razón los aficionados mancheguistas que afirmaban a voz en grito que nuestro equipo era el peor que había pasado por allí.

Son los inconvenientes de vestirse de máscara. Es cuando se está más propicio a hacer el ridículo, y el Toledo ofreció ayer ese triste espectáculo. Lo de menos es perder, lo de más es no jugar, como no jugó ayer el Toledo, a excepción de esa reacción momentánea cuando ya tenía cuatro goles en contra.

La clave del partido

Nosotros vamos a ser sinceros en todo momento, y lo mismo que pregonamos la apatía y el desconcierto general del equipo, hemos de confesar que el partido tuvo su momento crítico en el que pudo cambiarse la clave del resultado. Fue en el instante en que Sanz falló un penalti, lanzándoselo al mismo cuerpo del portero, cuando el marcador señalaba 2-0 únicamente. O cuando en la arrancada inicial, Yonete lanzaba otro fuerte disparo completamente embalado que paró milagrosamente Montes. Pero se malograron estas dos ocasiones y se ajaron con ellas todos los entusiasmos y todos los arrestos de nuestros jugadores, cuya presencia en el campo ofrecía el más triste y desconcertante espectáculo frente a la rapidez y codicia de sus adversarios.

Vino luego la reacción de diez minutos a que antes aludíamos, y vino a medias, pues, a pesar de ligar maravillosamente, de trenzar a ras del suelo pases profundos y peligrosos, a la hora del remate no había con quién contar y Sanz perdía dos ocasiones magníficas solo ante la puerta, y Luengo lanzaba fuera otros dos balones que todos dábamos ya como otros tantos seguros.

En esos dos fallos del principio y en estos del segundo tiempo, cuando todavía había margen para intentar la proeza de levantar un resultado adverso, estuvo la clave del partido, pero solamente hubimos de contentarnos con el solitario gol de Sauer, más como premio a su tenacidad y coraje –buscando balones hasta en nuestra propia defensa o en los extremos- que a los méritos de la misma jugada que dio como resultado el mismo gol, debido a un fallo del defensa central Solana, dando ocasión a que nuestro delantero metiese valientemente la cabeza y llevase el balón hasta la red, haciendo inútil el esfuerzo de Montes.

El cuarteto azul mejor que el verde

La moderna táctica del fútbol se valoriza por la actuación de ese cuarteto que se llaman interiores y los dos medios volantes. Son el cuerpo y armazón de todo el equipo, y de cómo suene ese cuarteto dependerá en la mayoría de las veces de cómo toque el resto del conjunto. Antes de la WM venía a suceder lo mismo, pero no de una manera patente.

Y ayer el cuarteto del Manchego se impuso de una manera rotunda sobre el cuarteto verde. Vals y Gallego, en la media, y Nino y Carbonell, en la delantera, ganaron la partida y el partido a Larrubia, Rubichi, Sanz y Luengo, por nuestra parte. Ellos supieron cerrar muy bien su cuadro, avanzarle o retrasarle, según los casos, mientras que el nuestro se mantenía únicamente firme por el lado de Rubichi, y descoyuntado y roto por los demás.

De esa manera, el equipo azul pudo imponer en todo su “once” una mayor rapidez y cohesión, al propio tiempo que una precisión y un entusiasmo, que fueron la base fundamental de su triunfo.

Fue cierto que tuvo también las facilidades dadas por Ávila para el segundo y tercer gol, dos tantos que para nosotros no tendrán ninguna justificación posible, dada la constitución atlética de nuestro guardameta y la distancia a que se produjeron –ambos fuera del área-, pero no lo es menos que el resto del equipo no se merecía otro resultado, a excepción de los mencionados anteriormente.

Los equipos, goles y arbitraje

Bajo las órdenes del señor Velasco, los equipos presentaron las siguientes alineaciones:

CD Manchego: Montes; López, Solana, Adolfo; Vals, Gallego; Rodríguez, Nino, Las Heras, Carbonell y Jovito.

CD Toledo: Ávila; Campos, Zori, Sanz; Larrubia, Rubichi; Florencio, Sanz, Sauer, Luengo y Yonete.

Después de una jugada del Toledo, con tiro de Yonete, que desvía López a corner, despejado éste por Montes de puño, el Manchego consigue su primer tanto a los nueve minutos de juego por mediación de Rodríguez, a cuyos pies va muerta una pelota despejada por nuestra defensa, empalmando a ras del palo un fuerte disparo que llega a la red.

Al minuto, una jugada de la delantera azul termina con un centro bombeado sobre puerta del extremo derecha, entrando valientemente al remate Las Heras, quien desplaza a Ávila y el balón llega a la red. Nuestro guardameta protesta, pero el señor Velasco da el gol como válido.

Hay una escapada de Sauer y se produce el penalti que habría de fallar Sanz, tirándole al mismo cuerpo de Montes y fallando también después su remate, al tirársele el portero a los pies.

El tercer gol viene a los veintitrés minutos. Un tiro sobre puerta da en el larguero, Ávila vacila un segundo en lanzarse a recoger la pelota y Las Heras, como una flecha, se lo clava en la red de cabeza. En todo este tiempo el Toledo da sensación de no estar en el campo. Su presencia es corporal nada más por el bulto y el desconcierto que reina en sus filas, sin que nadie sea capaz de imponer orden.

Tras el descanso, el Toledo parece jugar algo más reanimado, pero a los cuatro minutos Campos hace un penalti, y Las Heras lo convierte en el cuarto tanto.

La reacción del Toledo sigue por unos instantes, vienen dos fallos de Sanz y otro de Luengo ante la puerta de Montes, y por último el gol de Sauer, que sirve para salvar el honor.

Hasta el final, el Toledo decae nuevamente, y únicamente se pone un poquillo más de ardor en la defensa, manteniéndose el resultado 4-1 hasta la terminación del encuentro.

El arbitraje del señor Velasco, imparcial, un poco meticuloso en la primera parte, pero sin errores de gravedad –los dos penaltis fueron clarísimos.

Por el Manchego, Nino, Carbonell y Las Heras fueron de su mejores hombres en la delantera, y en la defensa, López y Montes también cumplieron, si bien es digno de mención el entusiasmo, coraje y rapidez impuestos por todo el equipo.

Del Toledo, ya hemos destacado lo que se merecía. A los demás les advertimos que el Carnaval está prohibido…


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