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Luis Cardeña Gálvez
16/03/2017
TEMPORADA 1991/92: TOLEDO 2 – LOS YÉBENES 1.
 
 

TEMPORADA 1991/92: TOLEDO 2 – LOS YÉBENES 1


Los Yébenes mereció llevarse un trozo de tarta

Paniagua amargó el gran trabajo de los de ‘Cacho’ Heredia

Crónica realizada por J. Eloy García Orozco, publicada en el diario “Ya” el 18 de noviembre de 1991



Municipal Salto del Caballo. Muy buena temperatura. Césped en irregular estado. Muy buena entrada y un millón de pesetas en taquilla, según fuentes del club.

Alineaciones

CD Toledo:
Villalvilla, Gabi, Figueroa, Abel, Emilio (Lolo, m.63), Pedro Díaz, Paniagua, Dani, Luisito, Arganda y Pedrete (Cano, m.90)

Los Yébenes: Guirado, Jaime, Vázquez, Santi, Víctor, Alfonso, Almeida, Juan, González (Chamorro, m.63), Ayala e Iñaki.

Árbitro

Palacios Cano, ayudado por León Muñoz y Moreno Gandía, de Albacete. Incalificable el principal, de hacerlo, sería duro de leer para vistas castas. Casi se carga el partido con tanta tarjeta y tanto pitido, en un partido duro, viril, pero no violento, salvo contadas acciones. Tarjetas para Figueroa, Luisito, Jaime, Vázquez, Alfonso, González y Ayala.

Goles

1-0, minuto 41: Pedro Díaz, de falta directa desde la frontal del área, sorprende al estático Guirado.

1-1, minuto 66: error en el pase de Pedro Díaz, Santi roba el balón, manda el pase de la muerte tras poder con todos sus marcadores, Iñaki tira, rechaza en corto Villalvilla, y Juan cruza a la red con precisión. Un gran gol.

2-1, minuto 75: balón al hueco para Paniagua, que avanza y cruza perfectamente por bajo ante Guirado.

Comentario

Los Yébenes plantó cara al líder y saboreó las mieles de llevarse un positivo del Salto del Caballo, que no se produjo por la acción individual de Paniagua, a un cuarto de hora para el final, cuando los perfectamente dispuestos hombres de ‘Cacho’ Heredia se encontraban degustando el sabor dulce del gran gol del empate, y se apestaban a intentar comerse el pastel entero con un par de contragolpes que casi apagan las velas que el cuadro local tenía ya dispuestas para el ágape desde el minuto 41, con la perfecta ejecución de falta de Pedro Díaz, en sanción que pareció injusta. La tarta estaba dispuesta para repartirse, pero al final Los Yébenes se quedó sin probar bocado, que por comportamiento mereció.

El equilibrio entre zonas que comienza a imponer ‘Cacho’ Heredia, tras las altas de Almeida y Víctor, se atragantó a las exigencias capitalinas, quien mantuvo el tono de sobeteo característico de un equipo superior técnicamente, pero que de poco sirvió ante la imponente presencia yebenosa, quien dejaba hacer hasta su medio campo, para apretar las marcas y forzar al error en el pase. El Toledo mantuvo la fe ciega en alterar el marcador en las jugadas estratégicas, porque en las acciones ‘vivas’ no había forma de romperlo, y eso que el capitán Jaime no estaba para muchos esfuerzos.

Los aurinegros no tenían por qué reducir el círculo de acción de los verdes al llevar el 0-0 con holgura. Bien es cierto que no se prodigó en acciones ofensivas, también porque la táctica a seguir estaba bien diseñada por su técnico: aguantar, templar e intentar encontrar la velocidad de crucero de sus puntas. Y todo iba miel sobre hojuelas porque el ataque verde era anulado sin esfuerzo. Pedrete demostró con creces que su suplencia la tenía bien ganada y Paniagua parecía no entenderse con él. Así, en el minuto 17, dio tiempo a que se le echaran encima Jaime y Vázquez, tras acción inconexa de Emilio –muy activo por su banda, amén aplicado en tareas de desdoblamiento con Gabi- y Pedrete.

Tuvo que ser una más que rigurosa falta la que diera origen al gol de Pedro Díaz, lo que abrió el ‘hambre’ yebenosa, que se tradujo, con el tiempo e esta mitad cumplido, en tan rápida como efectiva acción ataranta visitante, pero el chutazo de Almeida lo solventó Villalvilla con un paradón. La creciente amenaza yebenosa estaba por llegar, porque nada más reanudarse el juego, ‘San Villavilla’ hizo gala de que es algo más que un guardameta de Tercera al evitar el cañonazo de Juan con auténtico marchamo de gol.

Precisión y efectividad

La precisión aurinegra comenzaba a poner en entredicho la exigua renta local, porque los yebenosos, lejos de encerrarse, comenzaron a sortear los malos augurios que se cernían sobre ellos, imponiendo un juego alegre, clarividente, sin que los de Cruz acabaran de creérselo. Ya no cedía terreno y el control en la franja ancha, con robos de balón y generoso derroche de energías y disposición para ‘atar los machos’ al líder, se apreciaron con la acción de Santi, que concluyó en gol.

No había tregua y el Toledo se resistía a que se le ‘subiera a las barbas’ el joven Yébenes, quien aún pudo poner peor las cosas si Iñaki, muy frío, no hubiera pecado de individualista en un contragolpe con ventaja numérica de dos contra uno. Lo intentó, pero ya estaba Lolo en juego, que ofreció un recital en el tiempo que actuó. La consigna era ganar. Nadie quería repartir la tarta, y Paniagua se encargó de dejarla en Toledo.


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