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Luis Cardeña Gálvez
24/06/2010
EUSEBIO.
 
Foto ilustrativa del artículo
 

EUSEBIO


La escurridiza ‘Pantera Negra’

Bernard Morlino: “Retratos legendarios del fútbol”. Editorial Edimat, 2009



El más hábil limpiador de telarañas de su país parecía ser tan eléctrico como explosivo. Eusebio dejó su huella en el Mundial de 1966, marcando nueve goles. Extremadamente concentrado, corría sin parar, imposibilitando que se le vigilase de cerca. La apoteosis llegó cuando jugaron contra Corea del Norte, gracias a sus cuatro disparos gloriosos en cuartos de final. Únicamente Bobby Charlton fue capaz de poner fin al imperio del atacante. El jugador, natural de Mozambique, solía lucir el número 13 en la espalda. Se dice que este número da mala suerte. A él, desde luego que no ¡Qué bello era, y cómo corría a pequeños pasos, tan grácil! Golpeaba desde todos los ángulos, hacía piruetas sin esfuerzo y lanzaba cañonazos en plena carrera. Directos a la escuadra. Eusebio tenía ojos dulces, que se convertían en relámpagos durante el partido. El jugador de ébano jamás lanzaba al vacío. La ‘Eusebio attitude’ despertaba el lirismo de los periodistas. El goleador transformaba el fado en samba. Con la derecha o con la izquierda, reducía todas las defensas posibles con un balón de acero templado. Eusebio se iba deshaciendo de sus adversarios, cual hombre con prisas que se desviste en las escaleras antes de llegar a su casa. Nunca dejaba de sorprendernos cuando se ponía en la línea de mira para apuntar a las redes. Se estiraba al máximo en los tiros más complicados, recordándonos a una estrella del Bolshoi. Era capaz de recuperar balones que considerábamos perdidos para siempre y golpearnos desde fuera de línea con la furia de los desesperados. Este hombre transformaba con éxito los fracasos de sus adversarios. Hemos visto a cuatro italianos y a cinco españoles apartarse de su trayectoria, admirados ante la belleza del enemigo temporal, y vimos cómo también le plantó cara al reinado madrileño de Di Stéfano y Puskas, quitándoles de las manos la Copa de Europa de 1962 con un 5-3 a su favor, en un bello 2 de mayo en Amsterdam. Los dos goles del portugués hicieron inútil el triplete de Puskas. Tras Fernando Pessoa, Eusebio se ha ganado el puesto de hombre más importante del onirismo portugués. Cuando Eusebio se cruzaba con Pelé, creíamos que Pelé era Eusebio.


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