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EL MUNDIAL               + artículos -->

Luis Cardeña Gálvez
15/04/2010
ITALIA 1990.
 
Foto ilustrativa del artículo
 

ITALIA 1990


Julio Maldonado, ‘Maldini’: “De la Naranja Mecánica a la Mano de Dios”. Editorial Planeta, 2006



Maradona peleado con toda la jerarquía del fútbol mundial, los ecos de sus años gloriosos en el Nápoles y la obsesión italiana por ganar en casa. Así se presentaba Italia 90, con la casi certeza de que el torneo se quedaría en casa del campeón pero con una selección local en busca de referente. Y nadie dudaba de que el título se quedaría en Europa. Alemania estaba muy fuerte, Inglaterra había montado el mejor equipo de los últimos tiempos, con calidad en Waddle, Barnes y Beardsley, e incluso alguno daba opciones a España. Nadie contaba con los sudamericanos, pero Maradona todavía tenía mucho que decir.

Las dudas argentinas

Argentina eliminó a Brasil en Turín con una jugada magnífica de Maradona y asistencia a Caniggia. Brasil no sólo era favorito, sino que nadie podía imaginar una victoria de una selección argentina que entró por la ventana tras derrota ante Camerún y empate contra Rumania. Incluso antes de salir a Delle Alpi para jugar ante los brasileños, los argentinos tenían reservados ya treinta billetes en Iberia para cubrir el tramo Madrid-Buenos Aires. El vuelo salía dos días después del partido. Argentina ganó de milagro e incluso Monzón aseguró después no haberse visto nunca tan superado por un rival.

El gran Matthäus

Lotear Matthäus se salió en el Mundial. Capitán campeón, figura desde el primer partido ante Yugoslavia, fue él quien propuso la creación de un sindicato internacional de jugadores, para que “nunca más se produzcan expulsiones como la de Völler ante Holanda” (Völler había sido escupido por Rijkaard y además vio la roja). Maradona se apuntó rápido, peleado con la FIFA en aquel momento, y se emplazaron para una reunión después del Mundial, Gullit, Van Basten y Baresi, entre otros primeros espadas. Platini también se unió a la idea de meter jugadores profesionales en la comisión de disciplina de la FIFA.

El mito Goycoechea

El portero argentino Goycoechea se convirtió en héroe en su país con los penaltis parados en la semifinal ante Italia en Nápoles. Incluso tras su vuelta, y ante la avalancha de cartas en su ciudad, Lima, ENCOTEL decidió asignarle a su familia un código postal exclusivo: 004 Lima, Buenos Aires. La elección del número no es casual. Cuatro son los penaltis parados por Goycoechea en el Mundial. Además, el Intendente de Zárate habilitó el “Libro de Oro del Deporte”, donde se escribían todos los remitentes de las cartas que recibía el hijo pródigo de Lima.

Cariño a África

Camerún le ganó a Argentina en el partido inaugural con un gol de Omam Biyik. El público milanés animó a los africanos, un poco por cariño al rival más débil y sobre todo por el odio a Maradona, que con el Nápoles había devuelto a lo más alto al sur de Italia en contra del poderoso norte. Maradona, preguntado por el ánimo de San Siro a Camerún, dijo tras el partido que “me alegra muchísimo, eso demuestra que los italianos no son racistas”.

El enfado de Schumacher

Resentido por su ausencia y peleado con el técnico alemán Franz Beckenbauer, el portero del 86 Harald Schumacher atizó al seleccionador antes del Mundial. “Muchos no lo creen, pero estoy convencido de que Alemania no pasará la primera fase. Le falta personalidad y además Beckenbauer no piensa más que en el dinero. Sólo por eso ha aceptado el cargo de seleccionador. Le importa poco más que su imagen publicitaria. Por dinero anunciaría una marca de bananas”. Un mes más tarde, Alemania se proclamaría campeona y Beckenbauer completaría su doblete como jugador y entrenador.

La trampa de Bilardo

El partido de octavos entre Argentina y Brasil quedó para la historia como el jugadón de Maradona con pase a gol a Caniggia, pero también como una de las grandes trampas de la historia. El calor de aquel verano italiano había puesto de moda las bolsitas con agua para los jugadores, que así se refrescaban en cada parón. La leyenda asegura que algunas botellas llevaban un tranquilizante destinado a atontar a lo jugadores brasileños que, en las habituales pausas por lesión, se acercaban confiados a beber del bidón argentino. Branco picó y se sintió mareado el resto del partido. Maradona lo confirmó no hace mucho en su programa “La noche del 10”: “Vi que venían a beber los buenos: Branco, Valdo, y yo decía para mí: ¡tomen, tomen! Pero un jugador argentino despistado quiso beber, el vasco Olarticoechea. Y yo dije: ¡Vasco, no! Braco siempre sospechó porque empezó a sentirse mal nada más beber”.

Branco aseguró que “bebí de una garrafa de agua y tenía un producto que te dejaba tonto. El estadio me daba vueltas y le dije a Ricardo Gomes: me siento muy mal”. Bilardo siempre se lavó las manos, pero todo apunta a una más de su amplio historial.

La ascendencia de Codesal

El mexicano Edgardo Codesal se convirtió en gran protagonista de la final entre Argentina y Alemania. Pitó el dudoso penalti de Sensini que significó el gol de Brehme y el título del mundo y no señalo uno más que posible a Calderón aún con empate a cero. Uruguayo de nacimiento, su padre, José María Codesal, había sido el árbitro suplente de la final del Mundial de 1966 entre Alemania e Inglaterra, la del dudoso gol de Hurst. Para muchos, su hijo tenía aún en mente la injusticia de entonces y por eso favoreció a los alemanes. Lo cierto es que Edgardo Codesal fue el personaje más odiado de los argentinos aquel verano de 1990. Entrevistado por ‘El Gráfico’ argentino aquel verano, Codesal dejó varias perlas:

“Tengo familia en Argentina, un hermano, y además allí nacieron mis abuelos. Tenía una inmensa alegría por la clasificación argentina para la final. En México 86 estaba en la tribuna y grité los goles de la final ante Alemania. Lloré y gocé con aquel triunfo argentino”.

“Argentina llegó disminuida por tarjetas, y nada más empezar el partido me di cuenta. Unos jugarían lanzados al ataque y los otros se quedarían atrás a la espera de un contragolpe. Ése es el partido más difícil para un árbitro, porque se dan muchas jugadas en la misma área”.

“¿La expulsión de Monzón? ¿Acaso no se puede expulsar por ser una final de Copa del Mundo? Aquello fue una conducta violenta en la que no me quedaba más remedio que sacar la tarjeta roja. Fue una jugada malintencionada. La gente no lo vio, ero aun con espinilleras, el alemán tenía una herida de casi diez centímetros a la altura de la espinilla”.

“Al final del partido llegó Caniggia, me agarró de la camiseta con palabras soeces. Entiendo su rabia, su impotencia, aunque eso no justifica la agresión. Quiero destacar el trabajo de Bilardo y Pachamé, dos caballeros que controlaron rápido a su jugadores”.

“Sé que cumplí a conciencia. Me duelen los comentarios de que hubo una mano negra, porque no es así. Había la mano de un hombre decidido a marcar lo que veía, aunque se tratara de una final de Copa del Mundo. Esto es un ejemplo para mis hijos”.

Hijos de puta

La imagen de Maradona llamando “hijos de puta” al público de Roma que abucheaba el himno argentino antes de la final es una de las postales de Italia 90. Italia no pudo soportar los llamamientos de Maradona al público de Nápoles para que apoyase a Argentina y la posterior eliminación en semifinales. Todo aquello se recordó mucho más tarde, cuando Diego penetró en las redes de la droga. “…En el momento de volver al Nápoles, después de todo lo que vivimos con la selección argentina, eliminándolos en su casa, supe que nada iba a ser como antes. Tenía esa sensación de que me querían embocar. Que por alguna u otra razón la ‘vendetta’ iba a llegar. Y así fue, fue mi sentencia… Y en eso apareció el famoso dopaje, el famoso doping de Antonio Matarrese… Nosotros habíamos sacado a Italia del Mundial porque teníamos huevos y les hicimos perder a muchos un gran negocio, fortunas, porque la final a toda orquesta era Italia-Alemania… Fue una maniobra, sí, lo juro. Porque yo tenía el problema con la droga, sí, pero por eso mismo me hacía análisis. Y aparte de que la cocaína no sirve para jugar, me cuidaba, me hacía análisis propios… Y en aquel partido contra el Bari (17 de marzo de 1991) estaba limpio, limpio. Que se comprobara mi inocencia era para mí un triunfo histórico. Nada igual me devolverá los años de fútbol que me hicieron perder… Nada…” Poco Después Maradona caería de nuevo en un control antidopaje, esta vez en un Mundial, el de Estados Unidos de 1994.

Schillaci, héroe del Mundial

Totó Schillaci había nacido en Sicilia, sus ojos saltones de matón recorrieron el mundo mientras hacía goles con la ‘squadra azzurra’. Nadie creía en él hasta que salió desde el banquillo ante Austria. A partir de ahí, sus goles conmocionaron el país. En la recepción, tras el torneo, el presidente del la República, Francesco Cossiga, le apartó del grupo y le dijo: “Totó, te he observado en la televisión, en cada partido. Tu mirada después de un gol, de una falta, una jugada, es la de un tipo que no puede perder a nada. ¿Te has dado cuenta?” “No, señor presidente, yo no me veo tan a menudo”.


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