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Luis Cardeña Gálvez
18/02/2010
SUECIA 1958.
 
Foto ilustrativa del artículo
 

SUECIA 1958


Julio Maldonado, ‘Maldini’: “De la Naranja Mecánica a la Mano de Dios”. Editorial Planeta, 2006



La Copa de Europa ya había nacido, por lo que el carácter internacional del fútbol estaba plenamente consolidado. El Real Madrid de Di Stéfano marcaba la pauta del fútbol mundial porque ganaba mucho y jugaba mejor, aunque a las puertas estaba el nacimiento de la hegemonía brasileña: Pelé, Garrincha, Vavá, Nilton Santos…

Brasil se lo toma muy en serio

Los brasileños no paraban de preguntarse por qué todavía no habían conseguido ganar un Mundial y para el de Suecia contaron con un hombre que fue clave. Paulo Machado Carvalho, jefe de la delegación que viajó a Suecia, elaboró un informe previo de sesenta folios en el que hablaba poco de fútbol. Sus apuntes versaban sobre psicología, preparación física y salud. Hablaba de la necesidad de concentrar a los jugadores y someterles a cuidados para llegar en perfectas condiciones físicas y mentales a la gran cita. Así que el dentista Mario Trigo extrajo sesenta y dos muelas: siete a Oreco, seis a Formiga, tres a Ernani y Pepe, dos a Zito. Garrincha, Pepe y Orlando también fueron obligados a operarse de amígdalas para mejorar su respiración durante el esfuerzo.

La criba de Feola

El seleccionador brasileño Feola elaboró una lista de 200 jugadores y fue cribándola hasta que quedaron 33 para la preselección y 22 para disputar el Mundial: “Hice una lista de 200 jugadores cuando inicié el trabajo. La mayor parte de ellos estaban en las mismas condiciones para la práctica del fútbol. Luego comencé a eliminarlos hasta quedarme en 33 y luego en 22. Las causas no eran técnicas, sino físicas o de conducta. Se quedaron en Brasil los reacios a la disciplina, los partidarios de la violencia, los que se creían ‘prima donnas’. Podía haber formado seis o siete equipos similares, pero no de la misma moral y responsabilidad”. Ésta fue la histórica lista: Bellini, Castilho, Djalma Santos, Dino Sani, Vavá, Dida, Pelé, Gilmar, Zito, Pepe, Mazzola, Joel, Mauro, Garrincha, Zagalo, Moacir, Nilton Santos, De Sordi, Orlando, Didí, Oreco y Zozimo.

La prensa no se fiaba

La prensa brasileña no se fiaba de Feola ni de la selección que había formado. Las críticas más agrias fueron de la prensa paulista, que ya en su día achacó el Maracanazo a la presencia mayoritaria de jugadores de Río de Janeiro, principalmente del Vasco de Gama, cuyos jugadores quedaron malditos. De hecho, cada vez que el Vasco jugaba, en muchos estadios les coreaban los nombres de Ghiggia, Varela, Schiaffino, Míguez, Máspoli, Andrade. Ene esta ocasión, la prensa de Sao Paulo atacaba a Feola por no haber convocado al delantero centro del Corinthians Luisinho. Bellini, el capitán, recuerda el ambiente previo al viaje hacia Suecia: “A pesar de tanta preparación, a la hora de partir la selección estaba tan desacreditada como siempre. No merecía la confianza de la hinchada ni de la prensa.

“Aquella noche, cuando jugamos en Sao Paulo contra el Corinthians, que tiene una hinchada muy numerosa, fue un partido fuerte y violento. Y eso que nosotros les habíamos hablado a los jugadores del Corinthians para que no se lo tomaran muy en serio. Ganamos 5-1 pero quedamos golpeados. Pelé recibió una patada en la rodilla y tardó en recuperarse. Hasta el día que viajamos me acuerdo de que, en vez de desearnos buena suerte, los periódicos siguieron insistiendo con las críticas”.

Las primeras ‘cheerleaders’

El público sueco estaba un poco distante del Mundial. A los partidos no estaba acudiendo todo el público deseado, ni el ambiente en la grada era todo lo festivo que se esperaba. Hasta que la organización decidió incluir animadoras. Y claro, ya conocemos todos el mito de las suecas.

Río de Janeiro en Hindas

Brasil se concentró en Hindas, una tranquila localidad a 500 kilómetros de Estocolmo. Los triunfos ante el Inter de Milán y la Fiorentina en sendos amistosos disputados en Italia volvieron a colgarle el cartel de favorito y a despertar la curiosidad de los suecos, sobre todo de las rubias, hacia esos malabaristas del balón. Feota hizo la vista gorda y dejó que sus chicos se desfogaran en una discoteca que todavía es recordada por los suecos por frases como “Aquí empezaron a ganar el Mundial Garrincha y sus compañeros”. El propio Feola confirmó su mano izquierda durante aquella concentración: “La mejor forma de mantener la moral y la disciplina en un buen hombre es permitirle llevar una vida normal sin molestarlo con pequeños detalles. Estoy tratando a los muchachos como si fueran mis hijos. Nunca los reprendo, siempre les aconsejo”. Aquellas incursiones nocturnas aumentaron la familia de Garrincha, que exportó sus geniales genes a Suecia al concebir allí un vástago.

Y Pelé se quiso marchar de la concentración

La entrada de Ari, el defensor del Corinthians en aquel amistoso a patadas, dejó a Pelé sin poder participar en los amistosos. La desazón le invadió al comprobar que la hinchazón de la rodilla no bajaba. “Doctor, creo que no voy a poder jugar y seré una carga para la selección. Prefiero que le diga esto al señor Feola y me mande de vuelta para que puedan convocar a otro muchacho”, le dijo al doctor Paulo Machado, que a su vez le contestó: “¿Cómo se te puede ocurrir eso?”. Pelé se acordó de su padre: “Me hizo sentir avergonzado y a la vez provocó mi reacción orgullosa. Pensé en mi padre. ¿Qué diría él si supiera que yo me quería volver? Él, que había jugado tanto tiempo con agua en la rodilla como llamaban antes a las lesiones de menisco”. En el primer entrenamiento en tierras suecas, la rodilla se le volvió a hinchar y lloró frente a Feola y el doctor Hilton, otro de los médicos que había viajado con Brasil. Éste último le activó el orgullo a Pelé: “Si este chico ya es un hombre, quedará bien en unos días y podrá jugar antes de que finalice el campeonato”. “Yo soy hombre, dije rápidamente”, contaba Pelé. La hombría se la midieron con trapos empapados en agua hirviendo que le aplicaban sobre la rodilla. “Nos saltaban las lágrimas a mí, a Pepe y a Dida, que se habían lesionado en los amistoso de Italia. Pero no decíamos nada”.

Veteranos entrenadores, el debut y el primer gol de Pelé

Brasil debutó frente a Austria y Pelé no pudo jugar por lesión (3-0). Marcaron Altafini, por dos veces, y Nilton Santos. El partido siguiente era contra Inglaterra y Pelé tampoco pudo intervenir (0-0). El equipo de Feola creó ocasiones, pero fallaron los goleadores. Fue cuando se produjo la famosa reunión de Nilton Santos, Didí y Bellini con Feola, al que le impusieron la necesidad de que jugaran Pelé, Garrincha y Zito. Feola aceptó y dijo: “Señores, aquí todo el mundo debe hablar claro. Formaré el equipo que los jugadores quieran. Ustedes son los que van a ganar o perder. Y ustedes se llevarán la gloria o la humillación de retornar a Brasil derrotados”. Esperaba la fría y poderosa Rusia del ya legendario Yashin. “Cuando nos enteramos de la alineación sentí frío en el estómago. Y todavía me parece ver a Garrincha. Mané no sabía ni contra quién jugábamos. Él disfrutaba con jugar. Fallé varios goles y no dormí en toda la noche pensando en esas ocasiones. Recuerdo que en el partido, después de un tiro al larguero de Garrincha y otro mío, Didí me dijo: ‘Tranquilo, garoto, ya entrará’. Ganamos 2-0 con goles de Vavá y el propio Didí. Contra Gales, en cuartos, nos volvió a pasar lo mismo que ante Inglaterra. Se metieron atrás y no hacíamos un gol. Hasta que Didí me dio otro de sus pases maravillosos. Yo estaba en el área, pensé en rematar, pero vi que me tapaban y la metí por encima de un defensor. El portero salió y se la colé por abajo. Me puse a llorar por un ataque de nervios. Ese gol es el que más quiero”.

Y el mundo descubrió a su O Rei

Ocho años después del Maracanazo, Brasil volvía a una final. Esta vez todo eran precauciones. Pelé contó para ‘El Gráfico’ la final: “No queríamos confiarnos demasiado. Pensé en mi padre al escuchar el himno. Casi sin darnos cuenta llegó el gol de Liedholm. Vi a Didí correr, sacar rápido la pelota y todos nos pusimos a gritar. Vavá estaba impaciente. Nos hacía gestos. Yo, a pesar de todo, me notaba bastante tranquilo. Garrincha empezó a hacer milagros en la punta derecha. Por la banda izquierda, Zapallo subía y bajaba como si tuviera un motor. Centro atrás de Garrincha y gol de Vavá. No quiso detenerse para celebrar el tanto y dijo: ‘¡Vamos, que ya los tenemos!’. Ggarincha repitió la jugada y Vavá marcó el 2-1. Tras el descanso, los suecos achuchaban y crearon peligro. Nilton Santos lanzó una pelota hacia el área, con el rabillo del ojo vi a un sueco que se me venía encima, pasé la pelota sobre su cabeza, hice lo mismo con otro, y cuando la pelota bajaba, le pegué a gol. Oí el grito de todos los brasileños que estaban en el estadio. Zagalo hizo el cuarto, se lo merecía. Luego los suecos acortaron distancias, pero faltando poco para terminar, salté a buscar un centro al área y la cabeceé sobre la salida del portero. ¡Somos campeones del mundo! Y caí tendido en la hierba, perdí los sentidos. Cuando me recuperé, no pude parar de llorar”.


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