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Luis Cardeña Gálvez
26/08/2021
TEMPORADA 2008/2009: MANCHEGO 0 – TOLEDO 1.
 
 

TEMPORADA 2008/2009: MANCHEGO 0 – TOLEDO 1


El Toledo cacarea primero

Ante un Manchego gris que no cuajó un buen encuentro

Crónica publicada en el diario “Lanza” el 22 de septiembre de 2008



Cuarta jornada de liga en el grupo XVIII de Tercera División disputada en el Estadio Municipal Juan Carlos I de Ciudad Real. Césped algo pesado. En las gradas unos 1300 espectadores.

Alineaciones

Manchego:
Torrente, Armindo, Marcos, Carmona (Raúl Loe, m.56), Cifuente, Tete (Pablo, m. 2), Rubi, Peñuela, Abraham, Masoni y Cristian (Falio, m.41)

CD Toledo: Yuste, Barroso, Oscar Martín, Javi Sánchez I, José Antonio, Intxausti, Velasco, Joaqui, Dani Alonso (Butra, m.62), Iván Luengo (Javi Sánchez II, m.87) y Moraga (Beto, m.73)

Árbitro

Suay Abarca, asistido en las bandas por Royo García y Longueria Sierva, del Comité Territorial de Albacete. Amonestó a Armindo, Carmona, Abraham, Marcos, Rubi y al entrenador Alberto Parra por el Manchego, mientras que por el Toiedo vieron la cartulina amarilla Javi Sánchez I y Moraga.

Gol

0-1, minuto 31: Joaqui, viniendo desde atrás, aprovecha un balón rechazado para cruzar por bajo y salvar la estirada de Torrente.

Comentario

El Toledo cacareó primero. Fue el gallo más bizarro, el que más pudo presumir de garbo y el que al final se llevó la victoria. Ganó a un Manchego que todo el mundo espera se convierta en otro de los grandes reyes de la liga, pero que ayer sobre el palenque no demostró estar a la altura que se espera de él.

Lo toledanos ganaron por genio y porque realzaron la cresta y clavaron el espolón donde más duele en el momento adecuado. Ganaron, simplemente, porque entendieron de manera más natural el fútbol que su rival.

La pelea de gallos fue valiente pero escasamente lustrosa. El fútbol se economizó por unas u otras razones y ambos equipos dejaron tras de sí una imagen que quedó lejos del interés que levantan los llamados coronarse entre los mejores.

El partido resultó malo porque hubo fallos constantes en las entregas y ninguno de los dos equipos fue capaz de hilvanar jugadas y, sobre todo, porque la pelea no tuvo ritmo y el respeto mutuo les hizo luchar agarrotados.

La escasez de fútbol resultó desilusionante en la mayor parte de las fases del encuentro, salvo contadas excepciones, lo que acabó deparando un pobre relicario de ocasiones.

La torpeza del Manchego a la hora de salir de la presión de las marcas y la falta de velocidad y tensión en su juego le llevaron a quedar casi inéditos.

Los de Luis Díaz, con una ahogadora presión, taparon siempre bien la salida del balón del Manchego, quién encontró en pocas ocasiones las alternativas perfectas para oxigenar su juego. Esto ocurrió principalmente porque en el juego sin balón los de Parra anduvieron demasiado pausados, hasta tal extremo, que sin saberlo, acabaron dándole ventaja a su rival.

El Toledo, que basó su trabajo en mantener la organización estructural del equipo, atisbó pronto que al Manchego le costaba hacerle daño y que la falta de velocidad y tensión de los de Alberto Parra no sólo se hacía patente en el juego ofensivo, sino también en el defensivo, lo que les permitía jugar con cierta comodidad sobre el campo.

Los toledanos aprovecharon entonces la mansedumbre mancheguista para zarandear el cuero con reposo hasta esperar la mejor ocasión en la que hacer daño en la portería de Torrente, y ésta no tardó en llegar y el picotazo sería letal.

Una entrada de José Antonio por la banda izquierda, que le ganaba la partida a Armindo, hacía posible que Dani Alonso mandara un duro testarazo al centro de la portería que, en un primer momento logró detener Torrente, pero que, un suspiro después, provocó una segunda jugada que Joaqui, astuto él, aprovechó para hacer el gol que le daría la victoria a su equipo.

El Toledo no había llegado en muchas ocasiones ante la portería de Torrente, sin embargo, cuando lo hizo, la rentabilizó al máximo, mientras que el Manchego, que tampoco llegó con peligro a la portería de Yuste, no hizo lo mismo con las que tuvo que, a decir verdad, tampoco fueron muchas.

La más clara, quizás, fue la que al filo del descanso tuvo Abraham cuando un balón centrado desde la banda le pegó en el cuerpo y a punto estuvo de acabar en gol.

El panorama no varió mucho en todo el partido, si bien el Manchego, tras el descanso, dio la sensación de querer enmendar errores.

A la salida anticipada del campo de Cristian, a tenor del inadecuado trabajo que estaba realizando, se unió la variante táctica introducida por Alberto Parras al dar entrada a Raúl Loe por Carmona, ambas con la intención de mejorar claramente la imagen que se estaba ofreciendo.

Algo se logró mejorar, pero, desde luego, no lo suficiente. Siguió faltando calidad, ponderación y ciertas dosis de sabiduría.

La escasa contribución de Tete al juego ofensivo, bien marcado por un atento Barroso que no le dejó poner balones, sólo alguno de allá para cuando, que nunca encontró rematador, y el pobre rendimiento de Massoni y Peñuela, ambos incapaces de convertirse en la referencia en el centro del campo, dejo sin ideas a los jugadores azules.

Así, Abraham acabó sin tocar casi balones y, Cristian y Falio, que sustituyó a éste, ni los vieron. Sólo en defensa acabó cumpliendo el Manchego, a excepción del gol, en el que un error en la fijación de las marcas, acabó constándole caro al equipo.

Con esta situación, el Toledo se planteó la recta final del partido con demasiada tranquilidad. Dejó pasar los minutos. Apuntaló su retaguardia y espero paciente el pitido final.

Los de Luis Díaz rehusaron incluso a buscar el contragolpe para mantener la calma atrás, hasta tal punto, que en alguna ocasión dieron la sensación de querer mantener amarradas todas las naves de ataque.

Con todo esto, la falta de ocasiones se hizo patente hasta el final del encuentro, en el que el Manchego buscó el órdago final con balones colgados sobre el área que no inquietaron excesivamente a los defensas toledanos.

Fue entonces cuando Raúl Loe tuvo la más clara para los locales en un balón interior dentro del área que se le quedó entre los pies y no acertó a rematar y que pudo haber supuesto un empate que no llegó.


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