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Redacción
13/03/2021
1990: RADIOGRAFÍA AL CD TOLEDO, UN EQUIPO EN CRISIS.
 
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RADIOGRAFÍA AL CD TOLEDO, UN EQUIPO EN CRISIS


Pedro Pablo Moreno. Revista “Bisagra”, número 110, 31 de diciembre de 1989-13 de enero de 1990



El Toledo no funciona. Pese a la coincidencia generalizada de que el juego del equipo ha mejorado, algo por otro lado lógico, aunque sólo sea por el mayor rodaje, no logra salir del farolillo rojo. El “sacrificio” del técnico que inició la temporada, José Mari, cuando sólo se habían disputado tres jornadas, no ha servido prácticamente para nada. Sólo basta repasar los resultados prácticos, lo logrado sobre el terreno de juego.

Si el balance de José Mari fue penoso, con cero puntos de seis posibles, el de su sustituto, Antonio Seseña, no lo es menos si tenemos en cuenta que ha tenido muchos más partidos donde puntuar y que el Toledo en esos primeros encuentros se vio las caras con el actual líder y segundo clasificado, Avilés y Lugo respectivamente. Con Seseña se han logrado ocho puntos de 24 posibles y además cogió el conjunto capitalino con cuatro negativos y ahora tiene el doble. Pese a todo, el técnico se siente satisfecho del trabajo realizado, ya que “me encontré un equipo descompensado y sin ningún estilo de juego definido. En poco tiempo he logrado equilibrarle y dotarle de un sistema propio. Ahora se juega al fútbol, antes al patadón”. Eso sí reconoce que los resultados han sido “pobres”, motivados sobre todo “porque no estamos teniendo suerte y además sufrimos unos arbitrajes malísimos”.

Objetivos incumplidos

Pero si, como parece, el cambio de entrenador no ha solucionado la cuestión fundamental de los resultados, tampoco ha permitido cerrar del todo otra “herida”, la falta de unión entre la plantilla en lo que respecta a las relaciones con el técnico y directiva. Si con José Mari había malestar en algunos jugadores, disconformes con aspectos técnicos y humanos, con Seseña también existen. Pese a que éste insista que ha logrado unir una “plantilla que me encontré desunida”, diversos hechos sucedidos en estos últimos meses parecen demostrar lo contrario.

Hay jugadores que no se sienten bien tratados por el “míster”, ni en el aspecto puramente deportivo ni en el humano. Ahí tenemos los casos recientes de Bermúdez y José Luis. El delantero se considera el auténtico “conejo de indias” del club, al que van todos los “palos” cuando hay que tapar alguna mala racha. Unas declaraciones suyas a esta revista, en las que venía a mostrar su sorpresa ante la indiferencia del míster hacia él, le ha costado una multa de 25000 pesetas.

El hecho, independientemente de la cuantía, le pareció del todo desproporcionado, y está convencido de que si se hubiera producido en otro momento -el equipo había vuelto al farolillo rojo- y las palabras las hubiera dirigido otro jugador no habría pasado nada. El hecho produjo, por añadidura, la dimisión como relaciones públicas de Antonio Fernández, quien no estaba dispuesto, como era el deseo del resto de la directiva, a silenciar la multa a la prensa, y además no estaba de acuerdo con la cantidad acordada. Él quería “castigar” a Bermúdez con multa de 120.000 pesetas.

El talaverano había sido titular en los 11 primeros partidos de Liga, perdiéndose muy pocos minutos de juego, para caer de repente, no sólo de la alineación, sino en varios encuentros hasta la citación. Pero con sus declaraciones a “Bisagra” logró algo. Tras dos partidos consecutivos sin ir citado, Seseña le llevó de suplente ante el Lalín –último partido disputado- y hasta jugó 30 minutos. Para el entrenador las declaraciones de Bermúdez fueron una “chiquillada. Ha notado el cambio de categoría, y estaba desilusionado porque no le salían las cosas bien. Fueron unas declaraciones absurdas porque yo cuento con él. Le quité de la alineación porque íbamos a jugar en campos blandos, que no van a sus características. No encajaba bien en el esquema, y además necesitaba un descanso”.

Si ante este hecho el presidente, Manuel Astilleros, no fue capaz de imponer su criterio y aceptó la propuesta de Seseña para que el jugador fuera multado, tampoco lo hizo poco después en el caso de José Luis. Este jugador se vio obligado a pedir la baja ante la seguridad de que Seseña no le iba a dar ninguna oportunidad a lo largo de la temporada. Hasta ahora ha sido el único jugador que no había jugado ni un solo minuto. El entrenador no le ha dicho que se vaya pero sí que tenía muy difícil jugar en todo el año. “Su puesto está cubierto de sobra, y casi ha sido preferible que no jugase ni un minuto porque así puede fichar por algún otro club”, matiza el míster.

José Luis, dadas las circunstancias, había mantenido varias conversaciones con el presidente y éste le dio su palabra de que terminaría la temporada en su club de siempre, aunque sólo fuera por los méritos acumulados en diez años de dedicación al Toledo. Las palabras se las llevó el viento. José Luis tuvo que hacer las maletas y decir adiós a su aspiración de retirarse del fútbol con la camiseta verde de sus amores.

Sólo palabras

Y si las palabras no se cumplieron con José Luis, tampoco ha sido así con los hermanos Yuste. Pepe, el mayor, y Juanma, eran los dos porteros del Toledo al inicio de la temporada. Pero pronto comenzaron los movimientos en el club para fichar otro guardameta. Ante tal circunstancia Juanma manifestó su intención de aprovechar las muchas “novias” que tenía y marcharse del equipo donde iba a estar de tercer portero. El club no estaba dispuesto y el asunto se zanjó con un acuerdo. El presidente les dio su palabra de que no ficharían a otro jugador para ocupar su puesto.

Pero el pacto se rompió rápidamente. Llegó Seseña, quién “recomendó” al presidente el fichaje de Beamud. Astilleros cedió a sus pretensiones. Beamud no sólo ingresó en la plantilla sino que además se hizo con la titularidad “tras sólo entrenar con nosotros una semana”, manifestaba enfadado por aquellas fechas en estas mismas páginas el mayor de los Yuste. Pepe se sentía discriminado por el entrenador, “que sólo me vio jugar un partido. Había actuado en los cinco primeros encuentros y no lo había hecho mal”. Este perdió la titularidad y prácticamente “mi futuro deportivo. Tenía muchas ilusiones depositadas en esta temporada. Iba a jugar por primera vez en Segunda División y si lo hacía bien mi proyección sería importante. Ahora, si me paso la temporada en blanco, apenas me voy a cotizar y tendré que fichar por cualquier equipo flojo”. Pese a todo no desespera y aún cree que recibirá su oportunidad, “el míster me dice que está muy contento con mi trabajo”.

Si al mayor le han cortado las alas, al pequeño poco más o menos. Ya avanzada la temporada ha tenido que fichar con el Illescas, club de Primera Preferente, cuando antes le pretendían equipos de campanillas, como el propio Talavera.

La “espada de Damocles” siempre ha caído sobre los integrantes de la plantilla que la temporada pasada lograran el brillante ascenso de categoría. Son los “malos de la película”. Si hace unos meses demostraron su valía sobre el campo, ahora ninguno parece servir para Segunda División B. El trato hacia ellos no ha sido el más correcto, quizás como “castigo” por formar presuntas camarillas y dialogar a menudo con el “despreciado” técnico Manuel Carcía Calderón.

Ya en pretemporada la limpia fue contundente. José Mari sólo quería a Bermúdez, pero, esta vez sí, la intervención del presidente posibilitó la renovación de algunos más. Pero los que se quedaron están pagándolo muy caro. A los casos ya mencionados hay que añadir a Pimi, que no entraba en los planes del primer entrenador y ya iniciada la Liga se fue al Madridejos. El de Paco, que apenas cuenta para Seseña y cuyo nombre ha sonado insistentemente a la hora de hablar de posibles bajas que parecen no se van a producir. Y por último, los de Lolo y David. Estos, entran con más regularidad en los sistemas tácticos, y aunque no logran hacerse con la titularidad indiscutible, al menos juegan más. Ya se sabe, “cada maestrillo tiene su librillo”. José Mari fichó a los suyos y después Seseña ha hecho lo propio.

Pero no sólo existe malestar y desconcierto entre los que no juegan habitualmente, también en el vestuario se pueden escuchar veladas quejas de algunos jugadores que no actúan siempre en el puesto donde más pueden rendir.

Desconcierto

Si hay alguna línea concreta en la que los miembros de la plantilla estén más desconcertados ésta es la delantera. Bermúdez, Garoz, Vallejo y Paco no saben ya a qué atenerse. Aparecen y desaparecen como el Guadiana. Unos domingos puede ser titulares y al siguiente estar en la suplencia o ni siquiera ir citado, para a renglón seguido volver al once inicial, salvo Paco, que sólo ha sido titular en una ocasión. Seseña no está contento con el rendimiento de los delanteros. Y, efectivamente, el equipo marca muy pocos goles, pero el trabajo de estos jugadores baja enteros si no tienen suficiente continuidad.

Para el míster el problema está en que “tienen un exceso de responsabilidad”. Y el club está empeñado en buscar refuerzos. “Necesitamos delanteros más experimentados y que además podrán jugar sin la tensión de los que están ahora”. Ya ha llegado Carlos, cuyo fichaje ha extrañado un tanto porque la temporada pasada estuvo lesionado y en esta, con el Benidorm, apenas jugaba. Seseña reconocía no conocer a Carlos, “por lo que le he observado se ve que es un buen jugador. Esperemos que sirva para solucionar nuestros problemas”. También ha sorprendido la adquisición del ex talaverano Ballester, un “viejo” conocido del entrenador quien al respecto opinaba que “su puesto lo tenemos bien ocupado, por tanto no era una urgencia, pero él mostró interés por fichar y no podía desaprovechar la ocasión. Nos puede venir bien”.

Así están las cosas en un Toledo donde pese a todo hay ilusión y esperanza de cara a salvar la categoría. “Ya deberíamos haber salido de los últimos puestos, pero aún queda mucho y si mantenemos el actual nivel de juego tienen que llegar los buenos resultados”, matiza un Seseña que hace muy poco estuvo a punto de arrojar la toalla y puso a disposición su puesto. “Tenía una fuerte sensación de impotencia y le comenté al presidente que viniera otro en mi lugar, que seguro cambiarla así la suerte”.

Astilleros ya ha adelantado que está muy satisfecho del trabajo del técnico y que piensa renovarle para la temporada próxima. Peor suerte ha corrido el secretaría técnico, Francisco Martínez quien esta misma semana ha sido “despedido” al considerar que ya no son necesarios sus servicios, y es conveniente disminuir los gastos que suman las nóminas.

Calderón, el deseado

Hay quien dice que la raíz y el inicio de todos los problemas del Toledo están en la apresurada decisión de la directiva de dimitir a Manuel García Calderón. Este técnico había dejado al equipo en tercera posición la temporada 87·88, para en la siguiente culminar una gran campaña con el ascenso a Segunda División B.

Antes de concluir la Liga ya fue anunciada su baja. Los jugadores que con él estaban no han parado de manifestar que en esos momentos sí constituían de verdad una piña. Todos anhelaban su continuidad. Pero con su dimisión, porque no contaba con suficiente experiencia para garantizar una buena labor en Segunda, vino a decir el presidente, se rompió la unidad. Ya este año la directiva se quejó de los constantes diálogos de los jugadores con el “deseado” técnico, que, suponían, rompía la armonía.

Pese a las “sugerencias” de que no volvieran a hacerlo, la mayoría siguen sus buenas relaciones con Calderón, con el que hablan, en algunos casos casi a diario, entre otras cosas porque en su vida privada pueden hacer lo que deseen. Y más de uno piensa, e incluso comenta despacio, que con Manolo en el banquillo el Toledo estaría ahora entre los diez primeros. Muchos desearían comprobarlo.


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