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Redacción
18/02/2021
1981: MOISÉS ALONSO.
 
Foto ilustrativa del artículo
 

MOISÉS ALONSO


Moisés Alonso, otro toledano que conoció el triunfo fuera de su ciudad natal

Entrevista realizada por Rodríguez, publicada en el diario “EL Alcázar” el 31 de diciembre de 1981



En el día de hoy damos comienzo a una serie de artículos dedicados a hombres que en su día fueron más o menos conocidos en el mundo del pedal. Aquellos esforzados ciclistas, que a lomos de su no poco pesada ‘burra’ recorrían kilómetros y más kilómetros en busca de conseguir ser el primero en la línea de meta.

Hemos considerado oportuno el comenzar esta serie con un hombre que, si no llegó a ser superconocido, sí que llegó a crear afición entre los jóvenes de los años treinta y parte de los cuarenta. Nos estamos refiriendo a Moisés Alonso.

Crónicas de antaño

El nombre de Moisés Alonso empezó a sonar allá por el año 1935. Las crónicas de entonces decían de él: “Aparece en el escenario ciclista un joven muchacho con grandes cualidades de cuajar en figura…”

-En el corto tiempo que tuve hasta el comienzo de la guerra –nos cuenta Moisés-, empecé a cuajar, pero no sé hasta dónde podía haber llegado.

Alonso siempre ha sido un compañero ejemplar. Hubo una carrera que transcurría por la Puerta del Cambrón hasta el puente del Guadarrama, con regreso al punto de partida para seguir rumbo a Polán, nuevo regreso a la meta para seguir hasta Olías, y último regreso a la meta, que constaba de 85 kilómetros, en la cual dejó ganar a su compañero de escapada, Aguado, a quien a falta solamente de cien metros para llegar a la línea de meta se le salió la cadena.

-Sí, recuerdo la carrera –nos dice Moisés-, mi compañero de escapada fue Joaquín Aguado, quien por aquel entonces destacaba en Toledo. En aquella carrera, nada más dar la salida, nos destacamos los dos, ayudándonos mutuamente. Ocurrió que poco antes de acabar la carerra, llegando ya a Toledo, Aguado me veía con facultades para ser yo quien ganara, y entonces él me dijo: “No creo que me hagas ahora la faena de ganarme, después de habernos ayudado toda la carrera”. Yo, entonces, le di mi palabra de que no le ganaría, y así fue. Para demostrarlo, ocurrió lo siguiente: la llegada era en el paseo de Recadero y, por cierto, que había una inmensa muchedumbre esperando la llegada de los corredores –entonces había mucha afición-, a Aguado se le salió la cadena y yo no tuve más remedio que frenar para dejarle pasar, cosa que hizo con la bicicleta al hombro, pues tradaría menos así que si se entretiene en colocar la cadena de nuevo.

Clasificado para la Olimpiada

En 1936, la Guerra Civil impidió a Moisés Alonso el participar en la Olimpiada del Trabajo a celebrar en Barcelona.

-Cuéntanos cómo fue el clasificarte para la Olimpiada.

-Eso fue por julio del 36 –recuerda Moisés. Se celebraba una prueba ciclista en Madrid, de la cual saldrían seleccionados tres corredores. Yo, al enterarme de ello, me puse de acuerdo con mi compañero y amigo –ya fallecido- Sánchez Beato, y decidimos ir a Madrid. Como por aquel entonces estábamos faltos de dinero, cogimos un día antes y nos pusimos en marcha haciendo el recorrido sobre la bicicleta. Una vez en Madrid transnochamos en casa de unos familiares, y al día siguiente –domingo- nos dirigimos al Paseo de Camoes, desde donde partía la carrera. Creo recordar que eran unos setenta y dos participantes. Se dio la salida neutralizada –continúa recordando Alonso- desde el Paseo de Camoes hasta la carretera de Andalucía. Desde allí dieron la salida oficial. El recorrido era Sevilla la Nueva, Galapagar, Las Rozas, El Escorial, para llegar de nuevo al Paseo de Camoes. Nada más salir, no fuimos del pelotón tres: un madrileño, un chico de Villaverde y yo. Poco después, en una subida cerca de El Escorial, nos quedamos solamente dos, el corredor madrileño y yo. Mi rival contaba con la ayuda de sus padres, que seguían la carrera en un coche, desde donde le daban alimentos, café, etcétera. Yo no contaba con ninguna ayuda. Poco antes de llegar a la meta, desfallecí por falta de alimentos –entonces, yo era muy novato, era la primera carrera que hacía en Madrid-. No obstante, pude lograr, gracias a que faltaba poco, clasificarme en segundo lugar, a un minuto y unos segundos del primero.

-¿Llegaste a realizar el viaje a Barcelona?

-Lo empecé, pero desgraciadamente no pude acabarlo. Salí de Toledo con mi bicicleta, la maleta y, sobre todo, con mucha ilusión. El tren que nos llevaría a Barcelona salía de Atocha sobre las diez de la noche. Recuerdo que como tenía un par de horas hasta que el tren saliera, decidí ir a despedirme de mi familia que residía en la capital. Entonces se estaba celebrando en el Paseo del Prado una verbena, pero que, al poco tiempo, toda la gente que había allí congregada, desapareció. En vista de esto, volví a la estación a recoger la bicicleta y me enteré de que se había suspendido la salida de todos los trenes. Al salir de allí para volver a casa de mis tíos, dio la casualidad de que me encontré con un chico de Toledo –taxista- que venía para acá, el cual me ofreció traerme y no lo pensé. Metimos la bicicleta en el coche y me volví para casa.

Tras un paréntesis

Tras el paréntesis de la guerra, Moisés Alonso se quedóa a trabajar en la Fábrica de Armas de Palencia, capital en la que fue más conocido que en su ciudad natal.

-Sí, quizás fui más conocido en Palencia. Allí estuve tres años y aproveché que por aquella zona se celebraban muchas pruebas y pude participar casi en todas, y en casi todas tuve la suerte de quedar bien clasificado.

La ilusión de Moisés Alonso era el volver a su ciudad natal, Toledo, y montar un pequeño negocio. Volvió en el año 1944 y puso un taller de bicicletas, taller en el que entró de aprendiz un chaval que, con el paso del tiempo, sería uno de los corredores que más gloria ha dado al ciclismo español. Era Federico Martín Bahamontes.

-¿Pensó alguna vez Moisés Alonso que aquel aprendiz podía llegar a alcanzar tan altas cotas en el duro deporte del pedal?

-Sinceramente, no. A mí me ocurría lo siguiente: pensaba que el poder llegar a profesional, estando aquí en Toledo, me parecía imposible. Pensaba que los ídolos salían siempre de las grandes ciudades.

-¿Se puede decir que fue Moisés Alonso quien inculcó a Bahamontes la afición por el ciclismo?

-Bueno, mi idea ha sido siempre el fomentar el ciclismo en Toledo, y esto lo hice en colaboración con mi amigo Laguna, y creo que llegamos entre los dos a hacer afición.

-¿Qué anécdota recuerda Moisés con más agrado?

-Recuerdos muchos. Uno de los mayores recuerdos fue en Albacete. Allí se celebraba en Trofeo de Ferias, y había que dar diez vueltas a la ciudad. Salimos todos en grupo y así se hizo media carrera. Pero se dio la casualidad de que en una de las vueltas se cruzó un perro, y mira por dónde, yendo todos en grupo nadie pilló al perro nada más que yo, con la consabida caída, torciéndose el manillar y saliéndose la cadena. El grupo –sigue diciendo Moisés- mientras yo colcocaba la cadena, logró sacarme medio kilómetro. Yo, con gran ilusión y, lo más importante, estando mi novia –hoy mujer- allí presenciando la carrera, mi ilusión era ganar, y dado el momento en el que me encontraba, con grandes facultades, no abandoné en ningún momento la idea de ganar. Hice, eso sí, un esfuerzo enorme para ir ganando, vuelta a vuelta, metros, hasta que finalizando la última vuelta logré adelantar al pelotón y alzarme con el triunfo. Esto ha sido lo que más grabado se me ha quedado con el paso del tiempo. Creo que ese día me sorprendí a mí mismo.

Planteamientos distintos

-¿Por qué piensas que la afición actual no es tanta como la que había entonces?

-Mira, yo creo que entonces la juventud no tenía sitios donde poder divertirse, y entonces buscaban algo que les gustara y que presenciándolo se encontraran a gusto.

-¿Qué diferencia encuentras entre el ciclismo de tu época y el ciclismo actual?

-Antes se corría por pura afición, no íbamos a ganar dinero. Hoy se va a situar y además corriendo en equipos, es una manera muy distinta de correr.

Se da la circunstancia que otro Moisés Alonso, hijo del personaje que hoy nos ocupa, fue el ganador del I Trofeo Diario El Alcázar, celebrado en la Casa de Campo de Madrid.

Actualmente Moisés Alonso regenta un negocio de venta de bicicletas, motos, etc. Estamos seguros que nos hemos dejado muchas anécdotas en el tintero, que seguro habría para llenar páginas y más páginas. Lo que sí es cierto es que Moisés Alonso, durante sus doce añosen activo, contribuyó a crear afición y marcó una época difícil de olvidar en el ciclismo toledano.


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