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Luis Cardeña Gálvez
26/11/2020
TEMPORADA 1949/50: TOLEDO 6 – RAYO VALLECANO 1.
 
 

TEMPORADA 1949/50: TOLEDO 6 – RAYO VALLECANO 1


El Toledo batió ampliamente en goles y en clase al equipo del Rayo (6-1)

El empate del Naval en Murcia aumenta las probabilidades de nuestro equipo para ser campeón

Crónica realizada por Antonio de Ancos, publicada en el diario “El Alcázar” el 27 de marzo de 1950



Los aficionados madrileños no vieron jugar al Toledo en su primer partido frente al Rayo en el estadio de Vallecas. Fue en una mañana decembrina, y la niebla impedía la visión a más de tres metros de las narices. El Toledo obtuvo entonces un honroso resultado (2-2), pero su juego no agradó a los espectadores madrileños, y el empate fue achacado más a suerte que a calidad, en un inútil regateo de ésta, que después se impuso a lo largo de todas las jornadas hasta llegar a la de ayer, en que ya sin niebla, con un sol primaveral y, a pesar de pequeños celajes de unas nubes, pudo verse la calidad y cantidad de juego que el Toledo lleva en sus filas.

La niebla se disipó por encanto, como se disiparía la de la duda de los aficionados madrileños sobre los indiscutibles méritos que el Toledo tiene para llegar a ser campeón del grupo cuarto de la Tercera División con todos los honores. A tono con ese día primaveral estuvo la actuación de todo el equipo verde, el juego desarrollado por ambos conjuntos y la corrección de que hicieron gala dentro del terreno. Las nubecillas y hasta algún pequeño chubasco corrieron a cargo de la incompetencia del señor Bravo, haciendo caso omiso de algunas discusiones en los graderíos, iniciadas por quienes siendo de Villaconejos han de salir siempre a otras ciudades presumiendo de capital y haciendo gala de un léxico que está muy bien para andar por Vallecas-City.

Contra viento y marea

Si el Toledo va a llegar al título de campeón contra viento y marea de todos aquellos que todavía no han querido reconocer su clase y sus méritos, contra viento y marea resolvió ayer a su favor un partido que presentaba durante la primera parte este fuerte hándicap de que el Rayo quiso aprovecharse en el momento de la elección del terreno a la hora del sorteo.

Contra el aire, un aire bastante fuerte, el Toledo supo realizar el juego que debía para frenar la primera avalancha del Rayo e imponerse luego en plan de campeón. Dos goles en esta parte fueron la base del amplio triunfo que habría de venir tras el descanso, mientras que las líneas defensivas mantenían incólume la puerta de Ávila, que sólo tuvo que emplearse en un par de ocasiones y en dos saques de esquina lanzados contra ella.

¡Y qué dos goles, señores! Dos goles de los de “antes de la guerra”. De los que hacen levantarse al público de los asientos y enardecer a los espectadores, produciendo la máxima expectación para los amantes del fútbol. El primero, de Sanz, tras una jugada codo a codo con dos defensas contrarios, rematada con un disparo con la izquierda, que entró como un verdadero rayo y se estrelló en la arista de hierro del fondo para salir y dar en el poste y entrar otra vez como una bala. Y el segundo, tras una jugada primorosa iniciada en un pase de Rubichi a Florencio, con internada de éste, centrando un poco pasado para que Yonete templara luego su pase, y Luengo le cambiase con la cabeza imparablemente.

Dos goles a la media hora, en contra del viento como accidente atmosférico, y contra marea de un arbitraje desacertadísimo del señor Bravo, que llegaba a perdonar un penalti descaradísimo cometido contra Luengo a dos metros de la puerta, cuando ya había desbordado a la defensa y estaba dispuesto a disparar.

El segundo tiempo del Toledo

Hemos dicho siempre que el Toledo tiene veinte minutos de juego en los que es capaz de resolver el partido más difícil y dejar en el ridículo a la defensa más sólida de un equipo. Ayer no tuvo veinte minutos, jugó todo el partido y, por consiguiente, obtuvo ese doble resultado: ganar el encuentro y dejar de manifiesto que ante la rapidez y eficacia de su línea de ataque no hay sistema defensivo que se resista.

La prueba está en los seis goles que marcaron cuatro de sus delanteros, a pesar de tener enfrente una de las mejores líneas defensivas que han pasado por Palomarejos. Roca, Jerez y Verde componen un trío defensivo que deja poco lugar para florituras y ante los cuales hay que jugar algo más que frente a otros que figuran con menor número de goles encajados.

Sin embargo, hubieron de rendirse ante la evidencia. Se multiplicaron cuanto pudieron, pero su esfuerzo resultó inútil, teniendo que conformarse con encajar solamente media docena de goles, cuando en realidad podían haberse llevado otros cuatro más.

Para que tengan recuerdo de ellos, les diremos cómo fueron. El primero –tercero de la serie-, obra de Sauer, tras una jugada de Florencio, pasando atrasado a Larrubia, y éste luego al delantero, quien, sobre la marcha, empalmó un buen disparo que entró junto al poste. El segundo, de Florencio, aprovechando un pase adelantado de Sauer, con internada de nuestro extremo, que gana por pies al defensa contrario, y cuando el portero intenta salir, le cruza la pelota, que llega hasta la red, a pesar de haberla desviado un poquitín Martínez. El quinto –no hay quinto malo-, obra de otro zamarrazo de Sauer con la izquierda, y el sexto, obra también de Sauer, aprovechando un pequeño lío ante la puerta del Rayo.

Seis goles que pudieron convertirse en diez si Sanz y Sauer no desperdician dos ocasiones solos ante la puerta y a tres metros escasos, después de haber jugado inteligentemente Florencio, si luego éste no pierde una pelota que intentó cambiar con la izquierda, y si el tiro de Sanz no llega a estrellarse en la misma escuadra, aparte de otras buenas ocasiones que malogró el señor Bravo cortando los avances de nuestros jugadores o señalando faltas inverosímiles.

Le hemos visto hacer muy buenos partidos a nuestro equipo, pero ayer tuvo uno de sus mejores. Todas las líneas respondieron a las mil maravillas. La defensa tuvo solidez, la media movilidad y la delantera una eficacia rematadora que se refleja en el resultado del encuentro, con la particularidad de que el Rayo salvó el honor con el único tanto marcado, más por indecisión nuestra que por propios méritos, si bien el remate de su delantero se merecía este resultado. Pero la verdad es que antes había existido una mano clarísima de Zarrita, y que nuestra defensa se paró, esperando que el árbitro señalase la falta, pero en la presente ocasión el señor Bravo patentizaba una vez más su parcialidad y dejó de sonar el pito para mejor ocasión.

Un gol que si venía a empañar el limpio resultado de 6-0 que debía registrar el marcador, no empañaba para nada el juego y la superioridad demostrada por nuestro equipo a todo lo largo del encuentro. Vino el gol madrileño a os treinta y tres minutos de la segunda parte, cuando ya el Toledo tenía más que asegurado el encuentro y cuando no hacía falta prodigarse para mantener la victoria.

Los equipos y arbitraje

Rayo Vallecano:
Martínez; Roca, Jerez, Verde: Melcón, Tejeiro; Benito, Zarrita, Jesús, Lolo y Núñez.

El equipo madrileño, ya lo hemos dicho antes, tiene su mejor línea en el cuarteto defensivo, incluyendo al portero que, aparte los seis goles encajados, hizo algunas paradas de verdadero mérito. El defensa izquierda, Verde, es lo mejor del equipo. Con él, Zarrita en la delantera fue el que puso más interés en la contienda. El equipo madrileño se desenvolvió bien en el pase, pero careció en todo momento de facilidad para el remate.

El CD Toledo alineó el “once” de casi todas sus tardes triunfales:

CD Toledo: Ávila; Campos, Zori, Sanz; Larrubia, Rubichi; Florencio, Sanz, Sauer, Luengo y Yonete.

En líneas generales queda hecho el elogio que todos se merecen. Apenas hay necesidad de hacer distinciones, porque ene se caso habremos de mencionar a todos. La defensa actuó con seguridad. Larrubia y Rubichi fueron una verdadera línea de enlace y la delantera jugó toda ella uno de sus partidos más completos. No obstante, Rubichi, Sanz, Sauer, Zori, Sanz, Florencio y Luengo fueron los mejores, si bien es verdad que para llegar a esta distinción hemos de apurar demasiado nuestra crítica.

El arbitraje del señor Bravo fue un continuo desacierto, no tiene ni la menor idea de lo que es la ley de la ventaja, habla y gesticula demasiado y deja ver su clara parcialidad a favor de los madrileños. Nosotros, que pecamos de exigentes para los nuestros, podemos hablar de errores de los nuestros cuando éstos son tan evidentes como los que ayer tuvo el señor Bravo. Es la primera vez que ha pasado por Palomarejos y, la verdad, sentimos no poder volcarnos en elogios.

El partido de nuestro equipo nos había dejado un buen sabor de boca y estábamos dispuestos a ello, pero otra vez será.


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