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Luis Cardeña Gálvez
23/11/2020
TEMPORADA 1949/50: TOMELLOSO 1 – TOLEDO 0.
 
 

TEMPORADA 1949/50: TOMELLOSO 1 – TOLEDO 0


El Toledo fue vencido apuradamente en Tomelloso (1-0)

El viaje, el público, el árbitro y el juego violento del adversario fueron las causas de su derrota

Crónica realizada por Antonio de Ancos, publicada en el diario “El Alcázar” el 20 de marzo de 1950



Para el aficionado toledano que conoce sobradamente la calidad del “once” y la cantidad de juego que es capaz de desarrollar el equipo, la crónica del partido que vimos ayer en el estadio municipal de Tomelloso se la vamos a dar en muy pocas líneas, nada más las precisas para que pueda formar su juicio sobre las causas que influyeron en la derrota del equipo y las razones que aconsejaron la táctica de la prudencia y la conformidad.

Si Dante puso en el fondo de su figurado infierno la inscripción de “desechad toda esperanza de posible salvación”, algo parecido parece escrito en el frontispicio del campo del Tomelloso, allí hay que dejar toda esperanza y toda la ilusión sobre una posible victoria porque todo está conjurad para el equipo visitante que vaya con el sano propósito de conquistarla jugando al fútbol.

Así pues, creo que los aficionados toledanos tendrán más que suficiente con que les digamos que el primer tiempo terminó con el empate a cero, mantenido en contra de un fortísimo viento, merced al tesón de nuestras líneas defensivas y con la valentísima actuación de Ávila, que en tres ocasiones hubo de jugarse el tipo e hizo además un par de paradas de las que califican para siempre a un buen guardameta. Tras el descanso, cambió la cosa. El Toledo pasó a llevar la iniciativa, y los cinco saques de esquina que se lanzaron sobre su puerta en la primera parte los devolvía en el primer cuarto de hora de su dominio, hasta que el Tomelloso dio las inequívocas pruebas de que no estaba dispuesto a perder el partido, sacando a relucir toda la violencia de sus elementos fogosos y encorajinados, fomentados por el más “rico” y variado repertorio un público, sin distinción de sexo, que les alentaba y aplaudía más su fiereza que su juego. Vimos luego un gol tonto, uno de esos que viene encajando el Toledo casi en todos los partidos, y en ese ambiente y en esas condiciones no hubo más remedio que aceptar como irremediable el resultado porque no había ninguna posibilidad de ligar juego ni sacar primores de creación frente a un equipo que tenía por único sistema el destruir, fuera como fuera, y la aquiescencia del árbitro para que lo consiguiera. El resultado era adverso, pero indudablemente honroso, y con él hubimos de conformarnos, contentándonos con ver salir sanos y salvos a los once jugadores del equipo, a pesar de haber recibido todos y cada uno las pruebas inequívocas de la dureza y la violencia de sus adversarios.

Las cuatro razones

Para los “aficionados” de Tomelloso que no vieron jugar al indiscutible campeón del cuarto grupo, excepto los diez primeros minutos del segundo tiempo, les vamos a decir cuáles fueron las razones de ello, sencilla y llanamente, como les hablaría el buen amigo Sancho en el lenguaje clásico del más puro manchego: a fuer de verdad que no hubiera equipo en todo el mundo que se aprestara por conseguir vencer en el campo del Tomelloso después de un viaje de más de seis horas, sin haber llevado a la tripa más que un escaso pedazo de pan y una tortilla, y haber llegado al campo cinco minutos antes de empezar el partido, triturados y deshechos, entumecidas las piernas y acogidos con la mayor hostilidad. Y por si esto fuera poco, pesara sobre él toda la fobia del apasionado público, que coacciona a un árbitro que no esté dispuesto a jugarse la vida, y alienta a unos jugadores a los que tampoco el entrenador sabe imponer el freno preciso, antes bien, les estimula a la barbarie.

Así, amigos, no hay quien juegue ni pueda jugar en Tomelloso. Ni el campeón del cuarto grupo ni el campeón de España. Cierto que el Toledo no jugó como corresponde jugar a un líder del grupo, pero ¿Es que hay equipo capaz de imponerse a los improperios del público, a las violencias de los jugadores y a la pasividad de un árbitro como el señor Revenga? ¡No, amigos míos, no! Así no hay quien sea capaz de jugar ni de hacer nada. Lo primero es salvar la vida y después ganar o perder, lo que sea.

Un equipo de clase no puede vencer a otro que no la tiene cuando éste emplea los procedimientos que ayer utilizó el Tomelloso. Once jugadores no pueden exponerse a las iras de un público que les insulta durante los noventa minutos y a cuyos oídos llegan palabras de amenaza y grosería de la más baja estopa, sin que se vea acto de presencia de la autoridad nada más que contra los indefensos forasteros que se atreven a llamar la atención a los insultantes o que se atreven a poner reparos al lenguaje que por allí se emplea. Así tampoco nos extraña mucho que el árbitro se llegue a sentir indefenso y que no se atreva a poner coto a la violencia, que todas las faltas tengan cariz local y que permita a los delegados y entrenador del equipo local las más duras expresiones en contra de los jugadores contrarios en los momentos de suspender el juego para atender a los lesionados.

Vamos a concederles que tuvieran razón en la involuntaria, totalmente involuntaria, jugada de nuestro guardameta sobre el extremo derecha en la primera parte, pero no hasta el punto de que ella sirviera de pretexto para que después se lanzara toda la delantera contra él y para que en todo momento nuestros jugadores fueran víctimas de brutales agresiones. Como pretexto, no le vino mal ni al público ni a los jugadores, pero como razón, nunca.

No queremos justificar más al equipo. Pero sí les recomendamos un poquitín más de educación en el lenguaje, singularmente al sexo débil, y un poco más de cordura para ver los partidos de fútbol. Ya llevan bastantes años en la categoría nacional y hay que dar pruebas de que se tiene educación suficiente para andar por fuera de casa… y tratar a los forasteros.

En esta apreciación hacemos las excepciones naturales, pero nada más que las excepciones, que son la confirmación general de esta apreciación colectiva, que tan poco dice a favor de todo un pueblo.

Nos duele el que no pudieran ver jugar al Toledo, pero nos duele mucho más que haya sido por esas cuatro razones, contra las que no hay equipo capaz de sobreponerse.

Del juicio del árbitro y de las alineaciones, tampoco nos quedan arrestos para decir nada. Ponemos el punto final de la crónica después de un viaje de regreso que no se lo deseamos ni a los jugadores ni aficionados del Tomelloso.


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