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Luis Cardeña Gálvez
16/11/2020
TEMPORADA 1949/50: SAN JAVIER 2 – TOLEDO 2.
 
 

TEMPORADA 1949/50: SAN JAVIER 2 – TOLEDO 2


El Toledo conquistó un punto positivo en San Javier (2-2)

Luengo y Florencio, autores de los tantos

Crónica realizada por Antonio de Ancos, publicada en el diario “El Alcázar” el 6 de marzo de 1950



Los aficionados toledanos no podrán valorar nunca el punto positivo arrancado en San Javier. Nosotros cogemos la pluma con un ligero temblor todavía a causa de la emoción y de la zozobra que nos han embargado en los últimos minutos del encuentro. No porque viéramos decaer a nuestro equipo, sino que como consecuencia de la lesión del defensa Sanz –alma y sostén de todo nuestro sistema defensivo en la tarde de ayer- era imposible sostener el juego de ataque, eficaz y alegre, de nuestros delanteros, cuya clase y rapidez quedaban patentizadas y rubricadas con dos goles, que levantaban el partido y el resultado adverso de la primera parte.

Un empate en campo contrario es siempre meritorio, pero lo es mucho más cuando se conquista a base de entusiasmo, de juego y de clase. Que éstas fueron las tres virtudes principales de las que ayer hizo gala el equipo toledano en el campo de Pitín. Y para que esta victoria moral pueda ser cotizada en todo su valor hay que tener en cuenta no sólo la calidad del adversario, sino las circunstancias adversas que le rodearon, representadas en un público enardecido, que alentaba y jaleaba a su equipo con instinto desesperado de quien tenía que renunciar a todas sus aspiraciones y esperanzas, junto con la actuación de un árbitro que, en plan netamente casero, no veía y sancionaba nada más que faltas en contra del Toledo.

Expuestas todas estas razones, estimamos que la afición local podrá no sólo cotizar la valorización del punto, sino también la situación de nuestros jugadores, a quienes, como dijimos hace días, no cabe tildar de desgana ni de faltos de deseos de llegar a clasificarse para la liguilla.

Cualquier duda, cualquier rumo, cualquier bulo, no tienen ya justificación posible. Todos quedaron tan desvanecidos por el calor de nuestros muchachos como esa niebla de nuestro típico Zocodover a las doce de la mañana del mejor día invernal. El Toledo está ya clasificado, y por si restaba algún mérito a su marcha triunfal, ahí está ese punto positivo conquistado en el campo de San Javier.

Un segundo tiempo del Toledo

El partido tuvo su cara y cruz. Para el Toledo, primero cruz y después cara, aunque en los veinte minutos finales volvieran los momentos de apuro y de acoso ante nuestros puestos por las lesiones de Zori, Sanz, el interior, y finalmente el defensa, lo que vino a ser el mazazo final contra la cabeza del juego toledano, con la paralización consiguiente y el desbarajuste de líneas.

En el primer tiempo el equipo no carburó, mejor dicho, le fue difícil contener el ímpetu y la furia del San Javier, cuyas líneas defensivas impusieron un estrecho marcaje a nuestros delanteros, y cuyos volantes se volcaron en una ayuda entusiasta y decidida a los suyos, cuyas internadas fueron más peligrosas.

El público paladeaba eufóricamente la miel del triunfo cuando, a los quince minutos, contaba con un gol, conseguido por su extremo izquierda, y cuando veía imponer un ligero dominio sobre el marco de Peteira.

El Toledo estaba y no estaba en el campo. Funcionaba bien su sistema defensivo, pero no se veía por ninguna parte su eficacia rematadora ni el juego alegre de su delantera, que le había merecido el primer puesto de goleadora.

Pero el Toledo había ido a San Javier con moral de triunfo y ansia de victoria, y lo tenía que demostrar. Le fue suficiente el sosiego del descanso y su autoconvencimiento de superioridad.

Salió al campo, y a los diez minutos todas las dudas y vacilaciones quedaban resueltas, allí estaba el campeón, el “gallito”, el líder, como enfática e irónicamente se le proclamaba en la primera parte. El Toledo entabló sus líneas, decidió ganar por coraje y por decisión también, y jugó veinticinco minutos como él sabe hacerlo en las ocasiones más solemnes.

Durante este tiempo el San Javier no existió nada más que en un tiro de su delantero, que blocó muy bien Peteira, pero después el dueño y señor fue el equipo verde.

A los nueve minutos, Luengo marcaba el tanto del empate. Y a los once hacía subir Florencio el marcador nuevamente. Se apagó la euforia del público y se apagó también el San Javier. Los leones habían despertado, no sólo para demostrar la peligrosidad de sus zarpazos, sino para –en difícil paradoja- demostrar la suavidad de su ensamble y de su técnica futbolística, cuyo reconocimiento y aplauso se imponía por parte de un público cuya ironía quedaba en el más espantoso ridículo.

El Toledo tuvo algo de suerte en dos disparos que se estrellaron en el poste. Pero el San Javier no la tuvo menos en un disparo de Yonete y con las lesiones antes mencionadas, que hicieron modificar las líneas del equipo. Gracias a ello empató y pudo dar nuevamente sensación de peligro, pero la verdad es que de no haber sido por estas desgracias del Toledo, hubiera perdido los dos puntos.

Cómo “carburó” el equipo

Juzgado en líneas generales, haciendo resaltar ese entusiasmo colectivo, nos queda ahora juzgar a cada uno de nuestros jugadores. Y ahí va nuestro juicio crítico respecto a cada uno de ellos.

Peteira, en la puerta –ya que Ávila no había podido desplazarse por el ataque de urticaria-, no desmereció del ahora titular, lució su excelente estilo en algunas paradas, y los dos goles que le marcaron fueron imparables, aún cuando estuvo a punto de conseguirlo en ambos.

En la defensa, Campos batalló con ahínco, estuvo firme en el despeje y marcó bien a su extremo, el hombre más peligroso de la delantera.

Zori se mostró más recuperado que en anteriores encuentros, anulando por completo al delantero contrario y despejando también con seguridad.

Sanz, a pesar de los méritos de sus compañeros, fue el mejor hombre de la línea. No hay por qué repetir los elogios de sus compañeros, y estimamos suficiente con manifestar que el empate del San Javier fue debido a la ausencia de nuestro lateral a causa de la lesión sufrida.

Los volantes batallaron incansablemente, imponiéndose la clase de Larrubia, que en San Javier hizo el mejor encuentro de la temporada. Cortó, pasó y fue, con Sanz, la más sólida base de nuestra defensa en los momentos de apuro. Rubichi, bien a secas.

De la línea de ataque destacamos a Florencio y Luengo como autores de los tantos, aparte de su afán de brega en todo momento. El extremo, mejor que el interior, pero los dos francamente bien. Sauer no estuvo muy afortunado, quiso hacerlo todo y muy poco le salió a derechas, si bien puso siempre la nota de pundonorosidad en los momentos difíciles. Lo mismo que Sanz, que si no lució tanto como conductor de la línea, sin embargo fue uno de los mejores puntales de la defensa, impuesta para mantener el empate. Yonete también jugó mejor que en otras ocasiones, tuvo encima de él un defensa bastante duro y, sin embargo, no se amilanó.

El San Javier

En su campo nos gustó menos el San Javier que en Palomarejos. No le vimos jugar con esa alegría del primer partido, pero sí con superior entusiasmo, enfebrecido por el continuo jalear de sus seguidores. En el primer tiempo echó todo el resto en el asador, pero no pudo resistir la velocidad del Toledo. Se agotó en la segunda parte y sólo resucitó en el momento del empate. Su mejor línea fue la defensa, demasiado dura en la mayoría de las ocasiones, fiada en la indulgencia del señor Fuentes.

Equipos, goles y arbitraje

A las órdenes del señor Fuentes, los equipos presentaron las siguientes alineaciones:

San Javier: Cipriano; Monleón, Díez, Rodríguez; Aledo, Vidal; Simón, Felipe, Martín-Gary, Bosch y Tito.

CD Toledo: Peteira; Campos, Zori, Sanz; Larrubia, Rubichi; Florencio, Sanz, Sauer, Luengo y Yonete.

Marcó primero el San Javier, a los quince minutos de juego, por mediación de Tito. Se saca del centro, y Florencio está a punto de marcar en una internada, en la que la salida del portero le hace levantar la pelota, saliendo fuera por muy poco. A renglón seguido, otra idéntica jugada y el mismo resultado.

Tras el descanso, a los nueve minutos, Luengo, aprovechando un pase de Florencio, marca el gol del empate. A los once, Florencio fusila un pase a ras de suelo y pone el marcador 2-1.

Cuando faltan once minutos para terminar el encuentro se origina un pequeño barullo en el lado izquierdo, y Bosch empalma una pelota que bate a Peteira. Los diez minutos finales son de máxima emoción. El San Javier busca el gol del desempate, pero el Toledo se defiende bravamente.

El arbitraje del señor Fuentes, un poco casero, cortó el juego duro, pero no quiso ver nada dentro del área.


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