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Luis Cardeña Gálvez
26/10/2020
TEMPORADA 1949/50: ALICANTE 1 – TOLEDO 1.
 
 

TEMPORADA 1949/50: ALICANTE 1 – TOLEDO 1


El Toledo sacó un punto positivo de Bardín

Jugó más el Alicante, pero nuestro equipo se defendió valerosamente

Crónica realizada por Antonio de Ancos, publicada en el diario “El Alcázar” el 23 de enero de 1950



La presente crónica hay que empezarla no por las casetas, reconociendo las alineaciones de los equipos, sino por las gradas, destacando la presencia de un par de centenares de entusiastas y aficionados toledanos, que hicieron el milagro de convertir el campo de Bardín en un segundo Palomarejos. Su presencia en la tribuna, sus cariñosos aplausos, sus vítores y voces de aliento y de apoyo a nuestros jugadores tienen para nosotros más motivo de mención que cualquier otro detalle relacionado con el mismo encuentro, aún dentro del terreno de juego. A ellos va dedicada esta ligera crónica escrita ya en el tranquilo ambiente de nuestra ciudad querida, mientras ellos se han quedado esperando en la ciudad levantina una muestra de ese clima y ese sol que no hemos tenido la suerte de gozar los que llegamos y nos vinimos antes que ellos.

Después del empate de “su” equipo, con el grato sabor de ese punto positivo y la satisfacción orgullosa de no haberse sentido defraudados, yo me figuro que su estancia en Alicante habrá tenido mayores alicientes, sobre todo si ha pasado ese temporal de levante que convirtió el campo de Bardín en una inmensa laguna, imponiendo antes el refugio de los cines o de los bares, sin poder gozar del paisaje o una grata travesía por el mar.

Un partido de epopeya

Yo no sé si a un partido de fútbol le viene bien el acento dramático y tristón de una epopeya. Lo que si sé es que el calificativo le cuadra, porque los hechos desarrollados en el mismo tuvieron esas características de hazañas gloriosas conseguidas en las más adversas circunstancias, convirtiendo a cada uno de los participantes en verdaderos héroes del valor.

Y esa fue la principal virtud de nuestros muchachos. Se necesitaba valor para salir al campo, lleno ya de agua y en medio de una lluvia torrencial cuando el árbitro y directivos del Alicante estaban decididos a suspender el encuentro, y se necesitaba esa misma virtud para continuar después en el campo, batiéndose con ese tesón y ese coraje del que todo se lo juega en un solo partido, o del que se ha comprometido ante una dama… Para el Toledo, ese compromiso existía ayer realmente. La afición toledana estaba allí presente, después de quinientos kilómetros de viaje, y dispuesta a gozar de las mieles del triunfo. Haber perdido hubiera significado la más dolorosa pena para ella, y por eso nuestros muchachos lucharon valerosamente para que ella pudiera sentir el orgullo de ver sus anhelos satisfechos.

Ni por un momento decayó el entusiasmo ni se receló de pisar y meterse en los charcos, ni se rehuyó el choque, ni se temió la caída, siempre peligrosa, antes al contrario, todos hicieron gala de un entusiasmo inusitado que fue la causa principal de ese empate.

En otras circunstancias tendríamos que fijarnos en otras virtudes primordiales, que son las que califican y determinan la potencialidad de un equipo –sobre todo cuando ostenta el mando del grupo-, pero ayer hay que destacar más los rasgos del valor que los de la técnica, los del coraje que los de la clase, los de amor propio que los de la sabiduría. Cada partido tiene su juego, y ayer el Toledo no podía hacer otro del que hizo. Esto no servirá quizá para que la afición alicantina haya podido formar un juicio verdadero sobre nuestro “once”, pero ha servido para que éste sume un punto más en la tabla de sus positivos y para poner de manifiesto que a los equipos de clase –y el Toledo lo es- les hace también mucha falta a veces el coraje para batirse a equipos como el que ayer tenía enfrente.

Uno sobre todos

En el párrafo anterior va hecho el elogio de todo el equipo en general. Pasamos el “rasero” y medimos a todos por igual, pero después hay que echar la “chorrea” y destacar a uno sobre todos. Y ése fue Ávila, nuestro guardameta, cuya actuación estuvo por encima de los veintiún restantes, y fue el más firme sostén del equipo y del empate.

Hizo cinco paradas, sobre todo, que fueron otros cinco goles evitados, y tres de ellas, sobre todo, en las que había que jugarse todo lo que se puede jugar un hombre que siente hasta dentro el calor y el cariño por los colores que defiende. Su cuerpo salió hecho un guiñapo, calado hasta los huesos, y no salió mutilado por puro milagro, cuando al final del encuentro hubo de tirarse a los pies del extremo derecha, completamente solo y en clara posición de fuera de juego, sin que el árbitro señalara la falta. Antes lo había hecho sobre una laguna inmensa de agua, otras despejando de puño, y en un par de ocasiones desviando a corner disparos del extremo izquierda alicantino, que llevaban el marchamo de gol.

Ávila fue el mejor, no de los nuestros, sino de los veintidós, y justo es que le destaquemos como se merece.

El Alicante

El equipo alicantino hizo un excelente partido. Sinceramente, jugó mejor que los nuestros, como quien necesitaba de los puntos para levantar la moral de la afición, y como todo aquel que siempre se crece al enfrentarse con el ya considerado campeón del grupo. Lo demuestra el hecho de haber señalado este encuentro como día del club y el haber asistido más público que otros días, a pesar de lo desapacible de la tarde.

Lo mejor del equipo fue su línea de “backs”, incluyendo al central, y el ala izquierda del ataque. Manolete y Santacreu fueron siempre los más peligrosos a la hora del remate, y Rey, Isidro y Camiruana, el más firme valladar contra los aislados avances de nuestro equipo.

Jugó con el mismo nervio y coraje que en Toledo. Por puntos, como en boxeo, se hubieran adjudicado la victoria, pero Ávila se encargó de anular su profundidad, y Campos salvó el gol en un par de ocasiones.

Equipos goles y arbitraje

A las órdenes del señor Garcerán, de Murcia, saltan los equipos al campo, tras un breve forcejeo diplomático sobre la suspensión del partido a causa de la lluvia. Se impone el criterio del Toledo, y los equipos forman de la siguiente manera, tras la entrega del banderín de rigor:

Alicante: Flores; Rey, Isidro, Camiruana; Santos, Javier; Gerica, Manolín, Barrera, Manolet y Santacreu.

CD Toledo: Ávila; Campos, Zori, Sanz; Larrubia, Rubichi; Florencio, Sanz, Sauer, Luengo y Yonete.

El campo, hemos dicho antes, que está impracticable. Los primeros momentos son de forcejeo entre ambos equipos, con mayor profundidad por parte del Alicante, pero a los ocho minutos nuestra delantera logra tejer una jugada, y el pase de Sanz a Florencio lo lleva éste hasta la red.

El Alicante se crece, juega con mucho nervio y liga a veces por su lado izquierdo. Los interiores del Toledo juegan muy retrasados para facilitar la labor defensiva. Ávila se luce en tres paradas consecutivas, singularmente en una donde ha de lanzarse a despejar de puño sobre una laguna de agua antes de que el balón bote en el suelo. Hay una falta Sauer, que va patinando más de tres metros sobre la pista de barrizal y agua, y luego una escapada de Yonete, que tira muy cruzado y sale fuera por poco. Se llega al descanso con ese tanto de ventaja.

En la segunda parte el Toledo da impresión de más juego, pero los alicantinos buscan con denuedo el empate, y éste lo consiguen por mediación de Rey, al lanzar un penalti con que es castigado el Toledo por una mano de Zori, que despeja el balón cuando ya iba a entrar dentro de la red. El partido adquiere el máximo interés, y los dos equipos juegan ahora más sosegados. El Toledo llega dominar por unos instantes y el Alicante hace dos penaltis consecutivos que el árbitro no sanciona. Luego hay otro en la puerta del Toledo y tampoco lo castiga, esta es la verdad. Campos salva un balón milagrosamente y Ávila se luce luego al parar un golpe franco muy cerca del área.

Faltan ocho minutos para terminar, cuando se registra un avance de los alicantinos por el lado izquierdo, Santacreu pasa sobre el lado contrario, y Gerica, que se encuentra en fuera de juego, duda un instante, esperando que el árbitro lo señale, pero no fue así. Ese segundo de vacilación fue suficiente para que Ávila se lanzase a sus pies cuando ya empalmaba el tiro sobre puerta. Nuestro guardameta se hace con el balón y queda “grogy” por unos instantes, pero se repone un continúa hasta el final del partido, que llega sin más variaciones en el marcador, ante el natural regocijo de los aficionados y el entusiasmo de nuestros jugadores, que se retiran a la caseta llenos de barro y calados hasta los huesos.

El arbitraje del señor Garcerán, muy casero, si bien compensaba luego cuando la falta estaba fuera del área de peligro. Diplomacia se llama esa figura, pero que en la presente ocasión dejó descontentos a los dos equipos.

Una felicitación al equipo

Como final de esta crónica, recogemos la cariñosa felicitación tributada al equipo por el general Araujo, gobernador militar de aquella plaza, de recia raigambre toledana, que en honor a los lazos de paisanaje y efecto presenció desde el palco presidencial las incidencias del encuentro, siendo vitoreado al final por los aficionados toledanos.


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