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Luis Cardeña Gálvez
24/09/2020
TEMPORADA 1949/50: TOLEDO 4 – TOMELLOSO 1.
 
 

TEMPORADA 1949/50: TOLEDO 4 – TOMELLOSO 1


El Toledo se mantiene en plan de campeón

No jugó un gran partido, pero venció al Tomelloso por 4-1

Crónica realizada por Antonio de Ancos, publicada en el diario “El Alcázar” el 21 de noviembre de 1949



Ustedes comprenderán que no nos mueve ningún impulso partidista, ni el amargo despecho de una derrota en el propio campo, sino la triste realidad del arbitraje más desastroso que hayamos sufrido en Palomarejos, a pesar de la victoria local.

Si así fuera no merecía que estampáramos nuestra firma al final de una crónica, ni que nos sintiéramos orgullosos de nuestra obligación profesional ¡No, nos impulsa ni el partidismo ni el desengaño! Sin embargo, no nos queda más remedio que aconsejar al árbitro de la contienda de ayer en Palomarejos que se vaya al colegio… pero al colegio de Primera Enseñanza, donde aprenda –si es que puede- el ABC más elemental del arbitraje, y en donde le enseñen algo tan esencial como la ley de la ventaja, lo inútil de las compensaciones, cómo se mantiene el principio de autoridad y cuáles son las normas que regulan la definición del penalti. Cuando haya aprendido todo eso, puede volver a arbitrar, y es casi seguro que entonces no le volverá a ocurrir lo que le ocurrió ayer en Palomarejos, que con un partido resuelto desde el primer momento, con cuatro goles de ventaja en la primera parte a favor del equipo local, y con un público embalado ya con el resultado del encuentro, él se empeñara en señalar faltas absurdas, off-sides inexistentes, y llegara a perdonar al Tomelloso, ni más ni menos, que seis penaltis ¡Pero seis penaltis como catedrales!, a base de zancadillas, de agarrar cuando nuestros delanteros desbordaban a la defensa o de empujar a mansalva por la espalda. Era igual para el señor Meco, la cosa no tenía importancia, ni para nosotros tampoco. Pero lo malo es que luego pretendía justificarse con unas faltas absurdas o unas compensaciones que enojaban mucho al paciente público de Palomarejos ¡No, señor Meco, no! Ese no es el camino. Yo no sé las ilusiones ni las ambiciones que usted tendrá como árbitro, pero si quiere tener algunas debe ir al colegio… antes de que al Colegio de donde usted depende lleguen informes, como los que suponemos habrán llegado respecto a su actuación de ayer.

La segunda juventud

¿Cuánto tiempo lleva jugando Florencio en el Toledo? ¿Seis, siete, ocho…? ¡Los que ustedes quieran! Lo cierto es que nuestro extremo derecha –sin mucha suerte en los momentos decisivos de su vida profesional, pero con muchos más méritos que otros consagrados- está en una segunda juventud, tan pletórica de entusiasmo y de juego como la primera, con la ventaja sobre ésta de la experiencia y los conocimientos adquiridos. Raro es el día que no figura entre los distinguidos en lo que va de temporada, pero por si esto fuera poco, ahí está el encuentro que ayer realizó, como en su mejor época. Dos goles de bandera, toda una tarde en la brecha, de bregar incansable, y una series de detalles y de conocimiento que le hicieron merecer esa calurosa ovación con que fue premiado al saltar al campo en el segundo tiempo.

Ningún jugador ha sido nunca tan discutido como nuestro excelente extremo derecha, a nadie se le exige tanto y a nadie se le critica más –nosotros los primeros-, pero la verdad es que Florencio es un jugador de cuerpo entero, y que el día que se nos vaya vamos a echar mucho de menos a este ‘viejo’, siempre joven. Tan joven, que no hay quien le iguale en facultades, en entusiasmo y en cariño al Club. La única desventaja que tiene es que es… de Toledo, y ya sabemos que nadie es profeta en su patria, pero Florencio ha conseguido serlo, y hoy por hoy es uno de los puntales del equipo.

A pesar de la victoria

El Toledo volvió a ganar el encuentro de turno, manteniéndose en el plano de campeonísimo, que ya le corresponde por derecho propio. Pero la verdad es que, a pesar de su victoria, no nos agradó tanto como en la tarde del San Javier. Quizá hay que tener en cuenta, para su descargo, que una vez resuelto el partido en el primer tiempo, no tenía ninguna necesidad de superarse en la segunda, y quizá, por ello, diese esa sensación de desconcierto que llegó a dar en algunos momentos de la segunda parte, y aún de la primera.

El Toledo ganó merecidamente, eso sí, pero sin que su victoria tuviera ese aire triunfal del día del San Javier.

No cuajó la tarde que nos hacía augurar el primer tanto conseguido por Florencio a los tres minutos de juego, ni la victoria rotunda que hacía aventurar el 4-0 con que se llegó al marcador.

El equipo local, justo es reconocerlo, tenía un fuerte hándicap en el número de jugadores que salieron al campo no repuestos de sus lesiones, con visibles muestras de aquellas todavía, que les hacían frenar en más de una ocasión, pero, aún con eso, lo que pudimos apreciar en el equipo fue más una falta de compenetración que otra cosa. Volvieron a fallar los medios volantes. Larrubia, en la primera parte, Rubichi, en la segunda, empeñados en un inútil regateo que le hacía entregar luego mal la pelota a los compañeros. Los interiores jugaron excesivamente retrasados, y en la línea delantera faltó la movilidad de Yonete, sometido a un estrecho marcaje por el defensa González ¡Claro está!, que un equipo como el Toledo tiene siempre sus ráfagas y ayer también las tuvo, las que le bastaron para ganar holgadamente al Tomelloso y las que le hubieran sobrado con creces de no haber sido porque el amigo Meco les perdonara media docena de penaltis.

En la línea delantera lució más que ninguno Florencio, autor de los dos primeros goles, pero batallaron incansablemente lo mismo Sauer que los dos interiores, logrando Luengo el tercer tanto y Sauer, el cuarto. Yonete estuvo marcadísimo por el extremo derecha y no jugó como otras tardes.

En la media ya hemos dicho que hubo sus altibajos. Larrubia empezó mal y mejoró mucho la final. Rubichi, a la inversa. En cuanto a la defensa, Sanz volvió a lucir la potencia de su pegada y su mayor agilidad, Zori su valentía y su tesón en el marcaje, constituyendo un verdadero valladar ante el que se estrellan todos los arietes enemigos, y Campos, otro tanto. En la puerta, Ávila fue víctima de un gol tonto en el último minuto del encuentro, pero realizó un par de paradas de las que hacen echar humo a las palmas de los entusiastas, sobre todo en un disparo a bocajarro del delantero centro que paró más por intuición que por otra cosa. No cabe duda de que a cada partido se va afianzando más en su puesto que va resultar empresa harto difícil el desplazarle del mismo.

El Tomelloso

El equipo manchego sigue siendo el mismo de siempre. Su entrenador, Rey, no les ha enseñado nada nuevo, como no sea a pasarse la pelota con cierta rapidez y a mantener la tónica de su juego bronco y violento que le ha caracterizado siempre. Todo su ensamblaje radica en la calidad de su línea media y en el buen juego de su interior izquierda y defensa derecha.

Su mejor cualidad está en no haberse entregado, después de haber encajado cuatro goles, y el haber buscado hasta el final el tanto del honor.

Posee cierta rapidez y cierto dominio del pase, pero carece de peligro a la hora de tirar sobre puerta, siendo únicamente su delantero centro el que da más sensación de peligro.

Su sistema defensivo está basado en la corpulencia de González y de Zamorano, en la derecha y en el centro, respectivamente. Aquel es su mejor elemento, pero abusa un poco de sus cualidades físicas. Cuando encuentren un árbitro como el señor Meco, todo le puede ir bien, pero con un árbitro que sepa su obligación, no es de esperar que obtengan los mismos resultados. En la portería actuaron Orencio y Nadal. Aquel encajó cuatro goles, y fue sustituido en el segundo tiempo, alegando durante el descanso una lesión, que no era otra cosa que los cuatro goles. Rey, apenas marcado el primero, no hizo otra cosa que hacerle señas para que se fingiera imposibilitado. No lo hizo entonces, pero ya en la caseta los ‘dolores’ fueron insoportables, y salió Nadal en su puesto. El suplente tuvo más acierto que el titular, esta es la verdad, y tuvo algunas intervenciones de positivo mérito.

Los tantos, equipos y arbitraje

En la primera parte marcó solamente el Toledo. Los dos primeros por mediación de Florencio, a los tres y veinticuatro minutos, respectivamente, y en dos jugadas geniales, de las suyas. En el primero desbordó al defensa y, a dos metros de la puerta, cruzó, fuera del alcance de Orencio, la pelota hasta la red. En el segundo ocurrió casi lo mismo, tirando primero con la derecha y rechazando el portero, para después, con la izquierda, salvar la entrada del defensa, marcar impasiblemente el segundo.

El tercero vino por el lado izquierdo, en un saque de esquina de Yonete. Despejó flojamente de puño el guardameta, y Luengo lo remató de cabeza hasta la red. El cuarto fue obra de Sauer, rematando de cabeza un centro de Florencio, después de haber driblado, en un palmo de terreno, a dos contrarios.

Los equipos presentaron las siguientes alineaciones:

Tomelloso: Orencio (Nadal); González, Zamorano, Berlanga; Manchado, Mesa; Rochi, Reyes, Andreu, Ezcurra y Huertas.

CD Toledo: Ávila; Campos, Zori, Sanz; Larrubia, Rubichi; Florencio, Sanz, Sauer, Luengo y Yonete.

González, Manchado y Nadal, en la segunda parte, fueron los mejores por los visitantes, y Florencio, Zori, los dos Sanz y Campos, por los nuestros, si bien hemos de destacar el entusiasmo con que todos jugaron.

Del arbitraje del señor Meco ya hemos dicho bastante… ¡Que vaya desde mañana al colegio, porque le está haciendo mucha falta!


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