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Luis Cardeña Gálvez
10/09/2020
TEMPORADA 1949/50: TOLEDO 3 – MANCHEGO 2.
 
 

TEMPORADA 1949/50: TOLEDO 3 – MANCHEGO 2


El Toledo salió triunfante frente al Manchego en Palomarejos

Crónica realizada por Antonio de Ancos, publicada en el diario “El Alcázar” el 24 de octubre de 1949



El peor enemigo que puede tener el Toledo, desde tiempo inmemorial, es un equipo pegajoso, lleno de codicia y con ansia de balón durante los noventa minutos del encuentro. Frente a esta clase de adversario no sabe desenvolverse ni es capaz de encontrar esos veinte minutos clásicos suyos para resolver el encuentro.

El Manchego de ayer no fue ni más ni menos que eso, un equipo lleno de juventud, con mucha rapidez, incansable y una codicia de balón extraordinaria, hasta el punto que si después de haberse adelantado en el marcador hubiera empleado una táctica defensiva, no sé yo si hubiera dado reposo y coyuntura para haber logrado siquiera un empate. Frente a él, el Toledo no fue el Toledo que vimos jugar en Cuenca ni el de otras tardes, sino un equipo que hubo de emplear las mismas armas que su adversario, con la desventaja de que, mal acostumbrado a emplearlas, estuvo a punto de hacer el más soberano ridículo, como frente al Alcalá.

Los medios volantes ganaron la batalla

Una cosa es el partido y otra es esa lucha subjetiva que cada enemigo presenta a su adversario. El marcador señala un indiscutible tres-dos a favor del Toledo, pero la verdad es que la batalla la ganaron los medios volantes del Manchego sobre los medios toledanos. Ni Larrubia ni Rubichi tuvieron su tarde, singularmente aquel, que por no entregarse a su característico bombear balones, no pasó una a derechas y ni siquiera llegó a acertar en la mayoría de los saques de faltas, por descolocación de sus compañeros. Y ya va siendo hora de que todos los jugadores se den cuenta de que nada más castigarse la falta deben estar en condiciones de seguir la jugada, pues ahora no es como antes, que se daba lugar a que todo el mundo se colocase en la posición que estimara oportuna, perdiendo con ello un tiempo precioso, por una parte, y el verdadero objeto de la sanción. Rubichi bregó con su coraje característico, pero sin gran lucidez tampoco. En cambio, sus medios contrarios supieron cortar más y pasar mejor a sus delanteros, si bien es justo señalar que también encontraron más apoyo en sus dos interiores que el que Larrubia y Rubichi encontraron en Sanz y Luengo.

Esto último puede aclarar muchas cosas. Porque ya hemos dicho que el día que Sanz está de vena, funciona todo el equipo, y ayer nuestro interior tuvo en este aspecto una tarde tan gris como las nubes que nos obsequiaron a ratos con la lluvia. Y lo que de Sanz decimos, lo podemos repetir de Luengo, aun cuando éste estuviera más batallón que en otras ocasiones. En suma, que todo el sistema defensivo viene resquebrajado desde el hueco de los dos interiores en la tarde, que no se dan cuenta que tienen una misión de apoyo hacia atrás, queda bastante descubierto en la línea media, singularmente por el lado de Larrubia, en lo que va de temporada, y siguiendo ya por ese mismo lado, rebasa la zona de Campos, lento y sin cintura, hasta llegar a la misma portería, donde, por desgracia, tampoco vamos a encontrar en el presente año el titular que nos depare la tranquilidad a los seguidores y la confianza al equipo.

Los dos goles que el Toledo encajó ayer fueron nuevamente el producto de todos esos factores reunidos, más que el fruto del juego propiamente dicho del adversario, porque la delantera manchega se pasa bien la pelota, tiene mucha rapidez, domina el pase, pero es excesivamente premiosa a la hora de tirar sobre puerta. El primer gol fue un despiste de nuestros medios y defensa, dejando tirar al delantero centro a placer un tiro muy colocado con la izquierda, y el segundo fue todo un regalo de Ávila, por salir a despejar de puño un balón que siempre debió blocar con las manos, sin preocuparse de la entrada del extremo derecha, fallando el despeje y dando lugar a que éste rematase tranquilamente de cabeza.

No queremos pecar de machacones, pero no queda más remedio que apuntalar todo el sistema defensivo, singularmente inculcando un juego de conjunto a base de que cada cual cumpla su cometido en el marcaje y no se contente con moverse en una zona en la que fácilmente son desbordados por la mayor rapidez o codicia del adversario.

Los extremos se tocan

Es todo un axioma filosófico que tiene su aplicación en las cosas más vulgares, y que lo traemos aquí a cuento y cuenta del partido jugado ayer por nuestros dos extremos. Cada uno en su estilo y ambos con el mismo resultado de ser los dos mejores hombres del equipo. Florencio, con toda su veteranía, con todo su conocimiento y esa rara habilidad de driblar sobre un pie y otro hasta sacar la pelota de un terreno otro es incapaz de dar media vuelta. Yonete, con ese entusiasmo, ese ansia de balón en todo momento y con una rapidez endiablada, a pesar de tenérselas que ver con un defensa como López, duro y valiente a la vez, saliendo también triunfante en la mayoría de las ocasiones. Aquél es la inteligencia, éste la voluntad. Cuando Florencio quiere –y ayer quiso- es ambas cosas untas. A Yonete, sin embargo, para serlo le faltan partidos todavía. Hay todo un filón en el taranconero, todo está en que se sepa aprovechar. El día que Yonete aprenda a jugar con su interior, a internarse y retrasar luego la pelota templada hacia su compañero de línea o hacia el delantero, en lugar de centrar tan fuerte sobre el otro extremo casi, ese día los goles van a subir más deprisa en el marcador. Para eso, además de la rapidez, hace falta que también corra la cabeza y que en todo momento sepa adonde queda el compañero desmarcado.

Ayer hizo un excelente partido, pero habrá días que los hará mucho mejores en el momento que asimile todo cuanto él puede asimilar. No le hace falta irse muy lejos para aprender. Al otro lado tiene un buen maestro, a pesar de que ya tenga algún resabio de veterano, todo está en que escoja lo bueno y no haga caso de lo malo. Pero, para nosotros, los dos extremos son algo muy serio y lo mejor del partido de ayer, por lo pronto.

Los goles, equipos y arbitraje

Marcó primero el Manchego, por mediación de Las Heras, en un pequeño barullo en nuestra defensa, dando lugar a que aquel rematase de puntera con la izquierda un disparo muy colocado sobre el lado contrario, que ni siquiera vio Ávila hasta que no estuvo dentro.

El gol encorajinó a los locales, y una jugada entre Sauer y Sanz es rematada por éste con un tiro raso muy colocado que bate a Montes. A los cinco minutos, un lío sobre la puerta manchega lo resuelve Sauer, enviando el balón a las mallas.

Tras el descanso, a los ocho minutos, Florencio hace una jugada personal y lanza un disparo muy cruzado, que bate nuevamente a Montes. El Toledo domina durante unos momentos, pero no logra nada más que forzar tres saques de esquina seguidos.

A los veintidós minutos, una internada del extremo derecha da lugar a una mala salida de Ávila, y aquel marca de cabeza el segundo tanto para los manchegos.

El partido se pone al rojo vivo, los visitantes se crecen en busca del empate, y el Toledo juega un poco desorientado. Por fin, se impone la serenidad y se logra llegar hasta el final con esta victoria mínima, que vale por los dos puntos y para seguir a la cabeza de la clasificación.

Los equipos presentaron las siguientes alineaciones:

Manchego: Montes; López, Alonso, Adolfo; Poblete, Gallego; Rodríguez, Nino, Las Heras, Carbonell y Hermógenes.

CD Toledo: Ávila; Campos, Zori, Sanz; Larrubia, Rubichi; Florencio, Sanz, Sauer, Luengo y Yonete.

El arbitraje del señor Campos fue bueno. Tuvo el acertado criterio de no castigar las manos involuntarias, a pesar de que hubiera manifestación en contra en algún momento, y siguió muy bien el juego.

Por el Toledo, Florencio y Yonete fueron los mejores, y Sanz y Zori, en la defensa, fueron los que bregaron con más acierto.

Por el Manchego, el extremo derecha, el defensa López, y los medios volantes.


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