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Luis Cardeña Gálvez
3/09/2020
TEMPORADA 1949/50: TOLEDO 4 – ALCALÁ 4.
 
 

TEMPORADA 1949/50: TOLEDO 4 – ALCALÁ 4


El Toledo se dejó empatar un partido que debió ganar holgadamente

El Alcalá marcó tres goles en el último cuarto de hora

Crónica realizada por Antonio de Ancos, publicada en el diario “El Alcázar” el 10 de octubre de 1949


“Una de Jaimito”


Con tres puntos positivos todavía, y después de dos partidos ganados fuera de casa, no hay por qué rasgarse las vestiduras ni lanzar al aire las más desoladas lamentaciones, como si la cosa ya no pudiera tener remedio o fuese verdaderamente desesperada, pero no cabe duda que todas esas manifestaciones de disgusto que se escucharon en la tribuna y en le graderío tenían la más justificada razón por parte que quienes nunca comprenderán los motivos que pudieron existir para dejar en el banquillo, en calidad de reserva, a un jugador que en los últimos partidos tiene una lucida actuación, con dos sendas victorias dentro y fuera de casa, y en un momento de la más alta moral. Ya pueden alegar –quien sea- todas las razones que quieran, que para los aficionados tal resolución ha sido ‘una de Jaimito’.

Una medida a destiempo y con muy poca gracia ante los aficionados en general, que viene a echar por tierra las ilusiones y la moral de un jugador, primero, que equivale manifestar que el equipo se forma a base de nombres y no de las condiciones físicas o morales.

Y como hemos dicho que no era ocasión de rasgarse las vestiduras, no hay por qué seguir en el camino de los reproches, pero sí dejar bien sentado, que conviene no hacer más el ‘Jaimito’ y quedar escarmentados con el aviso de ayer tarde, para tomar medidas en este sentido, sin dejarse influir por la antigüedad de un nombre en el momento de dictaminar la alineación del equipo.

Lo dijimos no hace mucho tiempo, a raíz de la derrota del Toledo en Murcia por un tanteo de escándalo, después de llevar dos goles de ventaja, y lo hemos de repetir ahora: el Toledo necesita en el campo una persona que se encargue de orientarle y marcarle la dirección en cada momento con arreglo a las circunstancias del partido. Así no ocurriría lo que entonces y lo que volvió a repetirse ayer en el mismo Palomarejos que, con tres goles de ventaja en el último cuarto de hora, se deja empatar un partido que debió terminar con una goleada a favor.

En el banquillo del Alcalá vimos a su entrenador y a su secretario técnico, en el nuestro al portero suplente y al delgado de campo, nada más, con un flamante brazalete verde que garantizaba su personalidad, y cuya única misión se redujo a amonestar al portero suplente del Alcalá, cuando loco de alegría animaba a sus compañeros para que defendiesen aquel punto que el Toledo o, mejor dicho, Peteira –porque ya era hora que también lo dijéramos claramente- les había regalado ¿No hay nadie en nuestro Club que pueda llevar desde la banda el partido con más visualidad que los jugadores y que pueda dar una orden para defender una victoria mínima durante los últimos cinco minutos, por ejemplo? ¿Dónde estaba el entrenador, el técnico o alguien que viera que no se podía jugar tan alegremente como lo hizo nuestra delantera después de marcar los cuatro goles, y que tampoco había que dar beligerancia a un Alcalá cuyo fuerte, principalmente, estaba en la defensa y no en la delantera? Tampoco se nos alcanzan las razones de esta ausencia, so pena de que es que nadie quiera pechar con el sambenito de las responsabilidades, en ocasiones parecidas a las de ayer. Si es así, la medida no está mal, pero resulta doblemente perjudicial porque el enojo se hace extensivo a todo y el disgusto del aficionado repercute en contra del Club en lugar de la persona responsable.

“Marque usted este número”

Si quiere usted obtener un buen resultado en campo contrario, marque este número: 1-4-4-2. Es de un resultado fantástico. Lo prueba solamente el hecho de que el Alcalá lo empleó durante todo el primer tiempo, dio la sensación de ser el enemigo más difícil que había pasado por Palomarejos. Un portero, cuatro defensas, cuatro medios y dos delanteros. Con ella se defendió bravamente durante toda la primera parte y logró ser el primero en hacer funcionar el marcador. La retaguardia estaba compuesta por ocho hombres, o nueve con el portero. Dos de los medios se bajaban a la línea de defensa y marcaban uno por uno a nuestros cinco delanteros, quedando el defensa central libremente para despejar con holgura todos los balones. Los otros dos medios formaban en línea a veces, y cuando podían tiraban de la línea de ataque pues, en realidad, eran los llamados a hacerlo por su verdadera calidad de interior, y con la velocidad de su extremo izquierda y la valentía del delantero centro tenían suficiente para tener en jaque a nuestra defensa, en no muchas ocasiones, ciertamente.

El Alcalá se traía la papeleta muy bien aprendida, tan bien, que le resultó de maravilla el implacable marcaje impuesto a nuestros jugadores, y le valió llegar al descanso con el empate a un tanto, después de haber estado dominados durante más de cuarenta minutos del primer tiempo.

Pero el Alcalá se atrevió a arriesgar el partido, engañado en sus posibilidades al ver que había sido capaz de forzar un empate, y salió decidido a marcar, en lugar de impedir que se lo hicieran, y en su atrevimiento llevó su castigo, pues en veinte minutos de delantera del Toledo marcó tres tantos más, y dejaba el encuentro en la posibilidad de una goleada más en Palomarejos ¿Qué ocurrió entonces? Pues que el Alcalá movilizó todas sus líneas, descongestionó su retaguardia y formó con la alineación clásica, sin darse cuenta que con ella no podía sujetar, ni con mucho, la profundidad de la delantera del Toledo, y que estaba expuesto a encajar una goleada de escándalo. No la encajó porque le vino la suerte en forma de postes y largueros, y dos o tres tiros se estrellaron en ellos y, porque además, los delanteros del Toledo vieron el partido tan resuelto y tan fácil, que a partir del cuarto gol se dedicaron a tontear ante la puerta y a no forzar la jugada para tirar a gol como hasta entonces.

Y como el Alcalá, gracias a Dios, conserva todavía todo ese entusiasmo y ese coraje de los equipos de la Primera Regional, vino luego la sorpresa del empate conseguido por la rapidez de su delantera y la desafortunada actuación de Peteira.

Cuatro goles idénticos

El primer tiempo terminó con el empate a un tanto. El Alcalá marcó primero en una de las temidas salidas de nuestro guardameta, dejándose ganar la acción por el extremo izquierda, que pasó el balón a su delantero centro, rematando éste a placer. Luengo marcó el tanto del empate, de un tiro raso bastante cruzado. En la segunda parte, el Toledo marca dos goles a los diez minutos, el primero obra de Yonete, y el segundo de Sauer. Los dos después de dos jugadas de toda la línea de ataque y un intenso bloqueo en la puerta del Alcalá.

A los veinte minutos, Sauer marca el cuarto tanto. El partido está resuelto y los jugadores sestean ya ante la puerta. A los treinta hay una falta del Toledo cerca del área. La tiran sobre puerta, y el interior derecha fusila el gol. A los treinta y dos repite la escena con las mismas consecuencias, y cuando faltan exactamente cinco minutos, en una internada de la delantera alcalareña, marcan el cuarto tanto, en una jugada similar a la del primer gol. En total, cuatro goles idénticos, encajados por no tener de salir de la puerta y dar todas las facilidades a los delanteros contrarios. Cuatro goles que nos han costado el primer puesto de la clasificación y un punto de los ‘buenos’.

Alineaciones y arbitraje

Los equipos presentaron las siguientes alineaciones:

Alcalá: Diego; Manolín, Rui Pérez, Valle II; Calleja, Félix; Faustino, Pepillo, Magín, Chiviri y Hernández.

CD Toledo: Peteira; Campos, Zori, Sanz; Gómez, Rubichi; Florencio, Sanz, Sauer, Luengo y Yonete.

Por el Alcalá fueron los mejores, el defensa central, el interior derecha y el delantero centro.

Por el Toledo, que a pesar del empate hizo un partido bueno en líneas generales, Yonete, Sauer y Rubichi fueron los distinguidos, especialmente el extremo izquierda, siempre pendiente de la jugada, valentísimo a más no poder, y con ganas de jugar siempre.

El arbitraje del señor Blanco Quintas nos decepcionó grandemente. Muy lento al señalar las faltas, no vio cómo el Alcalá marcaba su tercer gol con la mano del delantero, y dejó de señalar todas las faltas que los alcalareños cometieron dentro del área en los momentos de agobio ante el dominio del Toledo, para compensar luego con unos castigos ridículos que entorpecían la marcha del encuentro. Esto no quiere decir que él tuviera la culpa del empate, claro está, pero sí que su labor no fue nada ejemplar.

Que sirva de escarmiento

Ya hemos dicho que no hay por qué desesperar. Queda mucho tiempo por delante y tres puntos positivos en cartera, pero conviene que lo ocurrido ayer sirva de escarmiento y se tomen las medidas oportunas. Es muy lamentable que los partidos se ganen a fuerza de entusiasmo y valentía de unos, y se pierdan o se empaten por una ‘jaimitada’.


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