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Redacción
6/08/2020
1969: FEDERICO MARTÍN BAHAMONTES.
 
Foto ilustrativa del artículo
 

FEDERICO MARTÍN BAHAMONTES


Federico Martín Bahamontes: “Mi tienda y yo somos más visitados que los monumentos”

Entrevista realizada por Guillermo José, publicada en el diario “El Alcázar” el 23 de septiembre de 1969



Toledo, todo piedra de historia, tela de museo, arte de siglos, guarda también estatuas vivientes. Federico Martín Bahamontes es algo así como un monumento, o casi un ‘objeto de interés turístico’.

-Algo así. Quizá aquí, en la capital, no tanto como en Asturias, Cataluña y, sobre todo, en Francia. No hay francés que venga a Toledo que no pase a saludarme. Creo que mi tienda es más visitada que el primer monumento. Vino ayer un americano que me dijo que era lo primero que veía de Toledo.

No lo ha dicho con tono de suficiencia. Nos hemos sentado en un bar de Zocodover, y pasan las gentes saludándole: “Hola, Fede”. Contesta a todos. Tiene voz poco potente. Lo justo sólo. Parece que anda un poco encorvado, como sobre dos ruedas, ascendiendo.

-Ahora queremos hacer aquí un museo del ciclismo. Como hay museos de los toros. Sí, la gente que quiere verme cree que tenía que ser mayor. Se extraña de que no haya engordado. Poblete, por ejemplo. Yo no. Peso dos o tres kilos más de lo que pesaba cuando corría.

-¿Qué habrá sido de tus ‘bicis’, Federico?

-Unas cuantas las tengo colgadas en un cuarto en casa. Todas no.

-¿Sobre cuántas trepó el ‘Águila toledana’?

-Es una pregunta que no me habían hecho. Vamos a calcular. Estuve corriendo diecinueve años, por tanto, un mínimo de diecinueve bicicletas. Creo que en total llegarán a treinta y cinco. Acaso fueran más.

-Serían historias apasionantes las de cada bicicleta.

-Vamos a repasar algunas, a ver de cuántas me acuerdo. La primera era de aquellas antiguas en la que la rueda de atrás entraba para adelante. La segunda la compré a un herrero por treinta duros. Después fueron una Dal, otra de los Hermanos Elvira, el cuadro de la quinta era de Mula, un señor que pasó en bici con su hijo a Francia. Después, una de Otero. Fue con la primera que acudí a Francia. Luego ¿La séptima?, una Splendid, francesa. Una Terror, Geminiani, Arco Guerra, de Faema, italiana. Otra Arco Guerra, después de una Tricofilina. Otra Faema. La Paloma. Paloma fueron siete u ocho, por lo menos ¿Cuántas van?

-Suficientes ¿Y qué promedios de pinchazos te daban?

-Hice completos dos Tours sin ninguno. Y después otros con uno sólo. Claro, había una técnica especial contra los pinchazos: los tubulares los guardaba yo. Eran míos. Los cuidaba. Metidos en llantas los conservaba en polvos de talco. Se trata, de este modo, de secarlos y mantenerlos en ambientes sin corrientes, con poca luz. En una habitación no demasiado seca, tampoco. Algo reseca. Son remedios caseros, pero útiles. Los había aprendido en Milán, y de mi manager Mostajo, en Barcelona. Bueno, de las más de treinta bicicletas con que rodé guardo dos Coppi, dos Arco Guerra, dos Ottusi…

-¿Serían las piedras inaugurales del museo?

-Sí, algunas podrían ir al Museo del Ciclista. Y pediremos alguna de Timoner, de Poblet. Sería un museo del ciclismo español. Creo que este lugar sería ideal. Toledo es una ciudad turística por excelencia.

-¿Qué huellas te han quedado de tu historial rodado?

-La clavícula rota en los Seis Días. También la cadera y el fémur izquierdo en la Vuelta a Levante. Todo de la parte izquierda.

-¿Dispuesto a correr?

-Lo hago cada año. Pero en competición, no. Los años no pasan en balde para nadie. Me dedico a preparar la Vuelta a Toledo y desde enero. Y a atender a mi equipo.

-¿Siempre te trató bien la prensa?

-Ha habido malos momentos, pero he tenido siempre la oportunidad de poder rectificar. Estoy orgulloso de ello.

-¿Te retiraste en el momento oportuno?

-Creo que sí. Acaso podía haber estado un par de años. Venían entonces cinco o seis corredores empujando fuerte: Rodríguez, Julio Jiménez… Julio creo que sólo me ganó en dos ocasiones, en subidas.

-¿Federico, vosotros no os drogabais?

-No. Yo no lo usé nunca.

-¿Ningún tipo de excitantes?

-Si tomo café ahora, esta noche no puedo dormir. El café, con una copa, es un formidable excitante. Pero cada uno tiene que conocerse y saber lo que le va bien. Esto de las drogas, quizá sea un fallo de arriba. Si lo tomaran en serio y quitaran la licencia, o cortaran por lo sano un par de casos, habría más temor, y nadie se echaría nada a los bolsillos al salir.

-Se dice que es natural esa ‘ayuda’ porque se exige cada vez más al ciclista.

-Lo que pasa es que ahora no rinden. Mi equipo cuesta un tercio de lo que los demás, y rinden como profesionales de los demás equipos. Cobran bien y quieren cobrar más. Pero el corredor sólo rendirá si corre.

-¿Le queda dinero al as del pedal?

-Todo lo que tengo ha salido de la bicicleta. En este momento ni siquiera sé lo que tengo: el negocio, una finca. Y vivo y me defiendo. Yo no tenía nada, nada, al empezar.

-El salto ha sido violento ¿Te crees importante, una figura?

-En algunos momentos hay que tener aire de importancia. En otros, lo pide el público o el ambiente. Todavía estoy obligado con el público. Más que antes. No pueden creer que pueda tener prisa en ningún momento. En algunas ocasiones me conceden más atención, en las carrera a las que asisto, que a los propios corredores. Creo que soy un ser normal, ni humilde ni orgulloso.

-Critiquemos ahora al ciclismo nacional.

-Está mal, en general. Bastante mal. Y cada vez peor. Está a punto de caer una ‘bomba’. A ver qué hacen los profesionales si Fagor se deshace.

-¿A qué se debía tu especialidad de montañista?

-Un don, o una gracia. Tenía una recuperación fácil, en treinta o cuarenta segundos estaba completamente normal.

-En cambio, parecía que te asustaban los descensos.

-Después de arriesgarme en la subida y llegada arriba, tenía que descansar, comía y bebía para estar nuevo para la subida siguiente. Esto no lo veían los del coche. En los Tours del 56, 57 y 58 estuve siete u ocho días escapado. Todos los Pirineos, siempre. Sí, recuerdo muchas de estas hazañas. De memoria no ando mal.

-¿Cuáles han sido los peores momentos?

-Los desfallecimientos por falta de comida. En principio sucedió bastantes veces. No calculaba el esfuerzo. Lo daba todo. Al final, con menos esfuerzo, ganaba más.

-¿Cuántos trofeos conservas?

-Montones. Tengo en casa ochenta o noventa. Los que haya ganado, ni idea. Tengo la medalla al Mérito Civil, y el título de hijo adoptivo de Toledo y la medalla del Ayuntamiento.

-En suma ¿Una vieja gloria?

-No seré viejo mientras pueda montar.

-¿Tienes toda la experiencia?

-La que se puede reunir en diecinueve años. Ojala hubiera tenido las ventajas de hoy: ayudas, masajes. Pero, aún así, no saben cuidarse. Están bien pagados y se creen mejor de lo que son.

Nos ha acompañado un matrimonio holandés que ha llegado a ver al campeón. El pequeñín, hijo de ambos, con el hombre del as en la visera, toma azúcar sin pausa.

-Yo también comí mucha. Así tengo la dentadura. Va muy rápida a la sangre. En ocho o diez minutos se recobra uno.

Un millón doscientos cincuenta mil kilómetros lo han contemplado sobre diez kilogramos de bicicleta. Y es algo así como objeto de interés turístico en su propia tierra.


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