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Luis Cardeña Gálvez
3/08/2020
TEMPORADA 1969/70: TOLEDO 2 – CARABANCHEL 3.
 
 

TEMPORADA 1969/70: TOLEDO 2 – CARABANCHEL 3


Mínima derrota (2-3) del Toledo ante el Carabanchel

Un encuentro que no se debió perder

Fueron expulsados Mingorance, Carrillo y el entrenador Naya

Crónica realizada por Ángel Friginal, publicada en el diario “El Alcázar” el 18 de mayo de 1970



En el campo de la Colonia Moscardó, con una entrada casi rozando el lleno, cuya mayoría eran seguidores del equipo “visitante”, se enfrentaron el Toledo y el Carabanchel, por la sanción impuesta a los de la Ciudad Imperial, y cuyo resultado, a fuer de ser sinceros, de haberse celebrado en Palomarejos, se hubiera inclinado –por lo visto- a favor de los verdes, ya que el factor campo y árbitro resultó un tremendo hándicap al que no pudieron vencer ni el entusiasmo de los jugadores ni el de los pocos aficionados desplazados, a pesar de contar con la ayude de los seguidores de Usera. Pero vayamos al encuentro.

Alineaciones

Carabanchel:
Perea; Ciriaco, Camargo II, Luismi; Sanz, Lolo; Agüilla, García-Ramos, Peter, Muñoz y Laguna.

A los treinta y nueve minutos es retirado Agüilla por lesión, sustituyéndole Quico. La otra se produjo en el minuto sesenta y tres, al consenguir Lolo el tercer tanto, entrando Camargo I.

CD Toledo: Ibáñez; Pérez-Roca, Carrillo, Merino; Mingorance, Asunción; Lupión, Chamorro, Jimeno, Carrasco y Rudilla.

No hubo cambios.

Arbitraje

Dirigió la contienda el señor Cerezo, que supo “arrimar el ascua a su sardina”. Desde el comienzo se le vio un marcadísimo interés en poner nerviosos a los toledanos con tanto anotar en su bloc sus números de camisetas y tolerar el juego de palabras de los madrileños, lo que aumentaba aún más los nervios de los jugadores, que culminó con las expulsiones de Mingorance y Carrillo, y a continuación la del entrenador Naya. Por su tolerancia, el encuentro se le fue de las manos en diversas fases, tomando un feo cariz, siendo el único responsable. Mal, pésimo, uno más de los que ya estamos saturados en esta temporada.

Goles

0-1: Se llevan jugados cincuenta y tres minutos, cuando Quico, en posición un poco dudosa, larga un tremendo tiro que Ibáñez, en acrobática estirada, consigue interceptar, quedando el balón en la misma boca de gol. Merino, que viene lanzado, trata de despejar el peligro, no haciendo más que introducir el balón en la red, ante el ruidoso estruendo de la “hinchada” de La Mina.

0-2: Cinco minutos más tarde, en pleno desconcierto verde, se produce una falta cerca del área que recoge muy habilidosamente Peter, cuyo tiro entra por la escuadra y logra batir al meta Ibáñez, a pesar de su estirada. Era el minuto cincuenta y siete.

0-3: A los sesenta y tres minutos, en una incursión madrileña, Lolo agarra un sorprendente disparo, angulado y por alto, que significa el último tanto de su equipo, haciendo inútil el esfuerzo del portero toledano.

1-3: La defensa del Carabanchel incurre en falta fuera del área, que se encarga de sacar Jimeno, que lo hace directo a puerta, logrando batir a Perea en el minuto sesenta y ocho.

2-3: Era el minuto setenta y nueve de partido, cuando Rudilla bota un corner, que remata Carrasco. Este es desplazado y tirado al suelo violentamente, lo que no da lugar a dudas. El correspondiente penalti es lanzado por Rudilla, que marca, a pesar de llegar a toca la pelota el guardameta Perea.

Incidencias

Fueron muchísimas, pero solamente reseñaremos las que influyeron en las mermadas huestes de Palomarejos. Minuto treinta y ocho, cuando el balón rodaba por otro ángulo, el señor Cerezo para el juego y decreta la expulsión de Mingorance, que “picando” en el anzuelo propina una patada a un contrario. Reanudado el juego, el exterior Agüilla es retirado del terreno, al parecer, por sus gestos de dolor, por grave lesión. Ya en la segunda mitad, nueva repetición de la anterior expulsión, siendo esta vez Carrillo, que hace lo propio con Camargo I. Gran barullo, balonazo al árbitro, Chamorro –injustamente insultado por los aficionados-, pierde el dominio de sí mismo, pero afortunadamente se serena. No acaba todavía de ponerse el balón en movimiento cuando el entrenador Naya –al parecer, gravemente insultado por algunos jugadores del Carabanchel- tiene un “diálogo” y es mandado retirar del foso. Confusión, empujones y después, calma.

El Carabanchel necesitaba los puntos

Todo lo dicho anteriormente creo bastaría para finalizar esta crónica, pero es importante conocer algo mejor el desarrollo del encuentro, que comenzó con agobiante y desesperada ofensiva de los de Trompi, que buscaban afanosamente el camino del gol, principalmente por los extremos Agüilla y Laguna, y el remate final de Peter, todos llevados por ese fino interior que es Muñoz. Pero enfrente tenían a un Mingorance decidido y valiente, Carrillo, el central de siempre, dos buenos laterales, Merino, en el mejor partido que le he visto, y Pérez-Roca, la seguridad. También Jimeno, con Asunción, ayudaba lo suyo, y cuando los blancos conseguían rebasarlos se encontraban con un Ibáñez decidido y eficaz. Con este patrón de juego discurría la contienda, y si en verdad el Toledo, por la presión a que estaba sometido, daba poca sensación de peligro, Carrasco, que merece capítulo aparte, está a punto de batir a Perea en dos ocasiones, la primera, anulada su internada en un peligroso centro por las manos de un defensa, creo que Camargo II, y la otra, ya batido Perea por su disparo, es salvado por un defensor cuando el esférico llevaba marchamo de gol. Luego, la inoportuna patadita de Mingorance. A pesar de la inferioridad numérica, el Carabanchel los primeros cuarenta y cinco minutos sin lograr batir a Ibáñez.

Tres goles en diez minutos

En la reanudación, por unos momentos pensamos, al notar que el Carabanchel no imprimía la misma furia, que el Toledo sacaría mejor balance a su combatividad y entrega –que nadie se explicaba por tratarse del semicolista-. Pero llegaron los tres tantos en ese psicológico tiempo que suponen tan sólo diez minutos, y temimos por la “goleada”, que mucho espectadores pedían, agravado por las consecutivas expulsiones posteriores de Carrillo y Naya. Pero no queremos caer en la vulgaridad de decir que con menos hombres se juega mejor. Cuando las mencionadas expulsiones, el marcado estaba en 1-3. Se llegó a acortar la diferencia, y un Carabanchel, con dos hombres de refresco y completo, tenía miedo a los nueve supervivientes sin dirección alguna. El retrasar balones a su meta se sucedía con bastante frecuencia, en una de las cuales, Camargo II fue rebasado por Carrasco y el empate se pudo consumar, pero no acompañó la suerte al bravo delantero, que sin lugar a dudas fue…

El mejor de todos

¡Sí señores! Este joven y prometedor –más que eso- fue la admiración de todos los asistentes, y a los que venimos presenciando su juego, valentía y pundonor, no nos pilló de sorpresa. Con el Toledo diezmado, primero por la ofensiva de los contrarios y después por las expulsiones, era de verdad un espectáculo ver el titánico duelo que mantenía con tres y hasta cuatro contrarios sin volver nunca la cabeza, disputando todos los balones. Él solo se bastó y sobró para sembrar la inquietud en las líneas de retaguardia adversarias y el pánico en los graderíos.


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