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Luis Cardeña Gálvez
2/04/2018
TEMPORADA 1987/88: TALAVERA 1 - TOLEDO 0.
 
 

TEMPORADA 1987/88: TALAVERA 1 - TOLEDO 0


Un gol y más emoción que juego en un derbi de color blanquiazul

Robles hizo justicia a los merecimientos locales

Crónica realizada por Pedro A. Rosado, publicada en el diario “Ya” el 10 de noviembre de 1987



Campo Municipal El Prado de Talavera. Terreno de juego impracticable. Más de dos mil quinientos espectadores en las gradas, media jornada económica y alrededor de setecientas mil pesetas de recaudación, según fuentes oficiales del club. Asistieron al encuentro el alcalde de Talavera, señor González Madrid, y el concejal toledano Fernando Fernández Gaitán, además de los respectivos presidentes de los clubes, Sánchez Colado y Torres Astilleros. En las gradas y en el campo, exquisita corrección.

Alineaciones

Talavera CF:
Valero, Monzón, Trigueros, Ayúcar, Barbero (Javi, m.73), Wilfredo, Javi Valero, Prieto, Robles, Carrillo (Bernal, m.68) y Del Rivero.

CD Toledo: Fernando, Carrobles, Peña, De Paz, Mayo (Berrio, m.76), Alejandro, David, Plaza, Miguel (Pimi, m.63), Bermúdez y Garoz.

Árbitro

Montañés Petit. Actuación notable, con la incógnita de dos jugadas dudosas en las que los respectivos equipos pidieron penalti. La primera, en el minuto 55, con caída de Del Rivero en el área toledana y tarjeta para el talaverano. La segunda, con una posible mano de Monzón ante Garoz, que el árbitro dejó seguir. Para nosotros no hubo penalti en ninguna de las dos. Vieron tarjeta, casi siempre por juego peligroso, los blanquiazules Ayúcar, Barbero, Monzón, Javi y Del Rivero –éste último por la jugada ya narrada del solicitado penalti- y los verdiblancos Mayo y Plaza.

Gol

1-0: minuto 71, falta de Bermúdez a Trigueros en la línea media, se saca sobre el área, Wilfredo cabecea ligeramente hacia atrás y Robles controla para, a la media vuelta y saliendo del regate a Mayo, rematar cruzado, fuera del alcance de Fernando.

Comentario

Diez años hace que el Talavera no pierde ante su eterno rival, el Toledo, en partido oficial. Diez años que van ya para once, gracias al gol que Robles marcó el domingo pasado a su ex compañero de plantilla blanquiazul Fernando, con el que el abulense rubricó la mejor y más positiva jugada de ataque del cuadro local y sentó cátedra de lo que es capaz de hacer cuando quiere, que desgraciadamente para los amantes del buen fútbol, no es siempre.

El golazo de Robles sentenció un derbi que respondió a la expectación con que se aguardaba, con abundante dosis de emoción, lucha de los jugadores de principio a fin, algunas jugadas para la polémica y el único pero de la falta de buen juego. Pero esto último es algo a lo que ya se han acostumbrado los espectadores talaveranos, a muchos de los cuales les basta y les sobra con la victoria por la mínima ante el conjunto capitalino.

El resultado, jugadas conflictivas en ambas áreas al margen, fue justo. Sobre el barrizal de El Prado, el Talavera supo interpretar su papel de equipo local y luchó por la victoria con más fuerza que técnica, con más corazón que cerebro y gozando de más ocasiones de gol que sus rivales toledanos. La seguridad de Valero en las pocas jugadas que tuvo que intervenir, la firmeza defensiva del bloque blanquiazul, el pundonor, que a falta de técnica, exhibieron los centrocampistas locales, y en definitiva, la genialidad de Robles en la jugada del gol, fueron suficiente para frenar a este Toledo que, de la mano de José María Velasco, se presentaba en El Prado con la vitola de equipo gallito, seis años después del último derbi entre blanquiazules y verdiblancos, saldado entonces con un 4-0 a favor de los primeros.

Aunque el técnico toledano quiso despistar a su colega Sánchez Gil, con una numeración atípica en su formación, el mister talaverano no cayó en la trampa y demostró que conoce a la perfección al conjunto capitalino. Los dos equipos cubrieron de hombre a hombre, sobresaliendo el emparejamiento Monzón-Garoz, por un lado, y el de Robles con Mayo, por otro. La figura toledana quedó eclipsada por el fenomenal marcaje que le hizo el defensa blanquiazul, mientras que Robles marcó la diferencia en el marcador en una de las pocas jugadas en que pudo librarse del acoso a que le sometió Mayo. Por lo demás, el juego transcurrió sin brillantez, con superioridad defensiva sobre los atacantes, lucha sin cuartel en la zona ancha y escasísimas ocasiones, no ya de gol, sino incluso de remate a puerta.

Incertidumbre hasta el final

A falta de buen juego, el derbi tuvo emoción e incertidumbre por el resultado hasta el final. Tras un primer tiempo en el que se registraron cuatro remates a puerta, dos por bando, con pocos problemas para ambos cancerberos, el segundo fue más movido y rápido. En los cuarenta y cinco minutos iniciales, Talavera y Toledo pugnaron por el dominio del centro del campo, con suerte desigual en cada lado. David se impuso a Javi Valero, Prieto y Wilfredo contuvieron a duras penas a Alejandro y Plaza, y barbero, que acudía a esa zona siguiendo a Miguel, realizaba el mejor partido de la temporada y se erigía en valladar inexpugnable. Valero paró cómodamente cuantos balones le llegaron, sin peligro, y su colega Fernando únicamente tuvo que emplearse a fondo en el minuto veinte, saliendo a pies de Wilfredo en una jugada de contraataque que hizo posible un error de la defensa toledana al practicar la táctica del fuera de juego.

Tras el descanso, la decoración cambió sustancialmente. El cuadro local salió con más proyección ofensiva, los blanquiazules descubrieron que las bandas del campo eran las zonas por donde el balón corría mejor y el Toledo defendía peor, y precisamente en una incursión por el lado derecho llegó lo que fue el primer aviso serio de que se había iniciado el asedio. Wilfredo centró sobre el área y Del Rivero controló con el pecho para rematar de volea, estrellándose el balón contra el larguero de la portería de Fernando.

Siguió el asedio y llegó la jugada del posible penalti sobre el capitán blanquiazul, entrado por De Paz, el contraataque de Garoz, con la posible mano de Monzón, y el momento crucial del encuentro, con el tanto de Robles. Y entonces al Toledo le faltó capacidad de reacción, tan sólo Pimi inquietó a Valero con un cabezazo que le fue a las manos. Wilfredo pudo aumentar la ventaja blanquiazul si hubiera aprovechado un excelente servicio de Robles y el propio extremo talaverano obligó a Fernando a salir a sus pies, al filo del tiempo reglamentario, para evitar una galopada del delantero blanquiazul en la que ya se cantaba el gol.

Mientras el Toledo apuraba los últimos minutos del derbi intentando llegar a los dominios de Valero, un gallo entró en el campo y campó a sus anchas por el lateral izquierdo de la defensa blanquiazul, aprovechando que en sus afanes ofensivos de última hora los visitantes buscaban desesperadamente a Garoz, en la otra banda, y se olvidaban de ésta.


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