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Luis Cardeña Gálvez
18/12/2017
TEMPORADA 1980/81: CONQUENSE 6 - TOLEDO 1.
 
 

TEMPORADA 1980/81: CONQUENSE 6 - TOLEDO 1


Desastroso segundo tiempo del Toledo (6-1)

Tras haberse retirado a los vestuarios con ventaja de un gol

Crónica realizada por Ángel Friginal, publicada en el diario “La Voz del Tajo” el 11 de marzo de 1981



En el reducido e incómodo campo del ‘Obispo Laplana’ de Cuenca, el Conquense derrotó al Toledo por seis goles a uno, tras haber conseguido ventaja el Toledo durante los primeros cuarenta y cinco minutos de juego.

Arbitraje

Del señor Zapatera Maroto, que mostró cartulinas amarillas a jugadores locales, como Arenas, Juanín, Servi y Elvira, en su mayoría por juego peligroso. Nada que objetarle en su dirección, pues en el segundo periodo, y según encajaba el Toledo su tremenda goleada, fue todo más fácil para él.

Alineaciones

CD Toledo:
Samperio, Ocaña, Polo, Manolo, Gabriel (Medina, m.41), César, José Luis, Javi Pérez, Monzón, Dierking y Verdugo.

UB Conquense: Auñón, Lucena, Hernández, Michel, Servi, Arenas, Pepe, Arguisuelas, Elvira (Caparrós, m.46), Sepúlveda (Juanín, m.46) y Hortelano.

Verlo para creerlo

Todavía, horas después del ‘desastre’ de Cuenca, le cuesta a uno trabajo llegar a la conclusión de cómo en cuarenta y cinco minutos un resultado puede tomar un cariz bien distinto al que acompañaba, y por méritos propios, durante los primeros cuarenta y cinco minutos de juego.

Uno, que lleva cerca de quince años informando ininterrumpidamente de los avatares verdes, y que puede contra con los dedos de una sola mano las veces que por algunas causas ha estado ausente, he visto y presenciado resultados de toda índole, desde aquel 0-3 en Ciudad Real, y que luego se perdió por 4-3, pasando por vicisitudes de todo tipo; pero que un encuentro se tenga amarrado en su resultado favorable al retirase al descanso, y que en intervalo de cuatro minutos, se encajen tres goles mortales, la verdad es que no recuerdo nada análogo. Y aquí, en donde precisamente estaba en el ánimo general que se tenía que contener esa rabiosa reacción de los primeros minutos del Conquense, se cimentó el fracaso toledano, que ya fue de mal en peor, y dando la triste impresión de que era un ‘sparring’ de poca monta, el que servía de ‘conejito’ al equipo local, en donde goles de esos que se ensayan una y cien veces, entraban en el portal de Samperio, que en esta desdichada segunda mitad, hasta pudo haber sido batido en otras cuantas ocasiones más.

Por consiguiente, la defensa que había tenido a raya a los atacantes blancos, se confió en exceso y ya no tuvo tiempo para reaccionar, lo mismo que el pobre Samperio, que ya no volvió a ser el guardameta elástico y seguro, por lo que los fallos fueron colectivos y de desesperación futbolística.

Pero antes del desastre, el Toledo se defendió con orden y disciplina, lo que hacía que el juego, si no brillante para las apetencias del respetable, en lo que concierne a los suyos, sí que el Toledo daba una imagen diferente a la que siempre puede ofrecer cualquier colista, y hasta se permitía algún que otro contragolpe, que ponía en aprietos a Auñón, como ese remate de Monzón, que desvió apuradamente a corner, y el posterior remate, que un defensa sacó en la misma raya, y aquí el público dedicó una sonora pita a sus colores, que arrancó cuando justo en el minuto cuarenta y cinco, un buen pase en profundidad de Monzón, fue cazado por Verdugo en su veloz carrera y su zurdazo se coló como una exhalación por el ángulo derecho del guardameta conquense.

Gol que habría muchas ilusiones al Toledo, que sabía que aguantando los minutos iniciales de sus oponentes, la ventaja se podría mantener, y hasta aumentar si se aprovechaba alguna que otra ocasión más de contragolpe, a pesar de que los malos modos hacían acto de presencia, sobre todo en los volantes, Servi y Arenas.

Pero todo quedó en deseos, pues cuando solamente se llevaban jugados cuatro minutos de este segundo tiempo, un centro sobre el área verde es peinado por el delantero y el balón, ante los extrañados defensores y portero toledano, se cuela en la red. Es ya el empate a un gol en el marcador. Un minuto después, falta sobre la derecha y el lateral Lucena remata de cabeza, y nuevo gol ante el delirio del público, que dos minutos después ve cómo el árbitro señala penalti, no muy claro a nuestro entender, o por mejor decirlo, riguroso, y Arenas, en el minuto ocho, hace subir al marcador el 3-1.

La desmoralización no cesa en las huestes verdes, y un saque largo del portero Auñón, no despeja Polo, y Juanín, ante la pasividad defensiva, cabecea también dentro de la red. Era el minuto diez y aquello, de continuar a ese ritmo, llevaba visos de ser la mayor goleada encajada de toda su historia, pero existieron quince minutos de tregua, hasta que Caparrós, de tiro raso en el minuto veinticinco, colaba el quinto gol, cerrando el marcador definitivamente Juanín, a cinco minutos para el final, en falta que se saca al borde del área, parando Samperio, pero en su estirada en el suelo llega antes el jugador, y marca a placer.

Y tras todo esto y los conceptos vertidos, poco más que añadir a su enjuiciamiento, pues tras una parte de no desafinar y hasta merecer el calificativo de meritorio, después se perdieron los papeles y el resultado fue de estrepitoso concierto.


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